Cedazo Negredo, Carlos

Carlos Cedazo Negredo

Coadjutor (1930-2017)

Nacimiento: Jodra de Cardos (Soria), 4 de noviembre de 1930
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1958
Defunción: Madrid-Carabanchel Alto, 30 de noviembre de 2017

Nació Carlos en Jodra de Cardos, pequeño pueblo de la provincia de Soria, aunque la parroquia pertenecía a la diócesis de Burgos. Sus padres fueron Valentín Cedazo y María Pilar Negredo. Humildes agricultores de una piedad profunda, popular y sencilla. De ellos aprendió Carlos a ser bueno, cordial, austero y trabajador. Sobre todo le enseñaron a rezar y esta fue una de sus virtudes más sobresalientes durante toda su vida. A Carlos le gustaba rezar y se le veía frecuentemente en la iglesia haciendo oración.

De niño frecuentó un convento de monjas de clausura, donde vivía una religiosa que murió en olor de santidad. De ella aprendió lo que significa una vida entregada totalmente a Dios. Iba de vez en cuando al visitarla en el convento y se entretenía con ella y con otras hermanas hablando de Dios y rezando a todos los santos cuyas estatuas llenaban la iglesia.

En el pueblo estudió las primeras letras y se ejercitó en la profesión de sus padres, dedicándose a labrar los campos. Aunque no tuviera ninguna cualificación especial, conoció a los salesianos y vio que podía entrar en la congregación y seguir trabajando en el campo.

Cuando ya tenía 27 años, entró en el noviciado de Mohernando, y como tenía una gran extensión de terreno cultivable, pudo continuar haciendo de labrador, como lo hacía en su casa. Era el año 1957 y unos años después, el 16 de agosto de 1958, hizo su profesión religiosa, pero continuó en la casa hasta que en 1968 fue destinado al teologado de Salamanca para trabajar en la huerta que allí había.

Estuvo allí hasta 1977 en que fue destinado a la casa inspectorial de Madrid, haciendo los trabajos de proveedor de la casa. De 1982 a 1998 estuvo en Carabanchel Alto y en 1998 fue de nuevo destinado a la casa de Mohernando para seguir cuidando los campos y la granja que allí se había instalado. Catorce años permaneció allí contento y feliz con su trabajo, hasta que en 2012, un tanto debilitado de salud, fue destinado a la casa de Carabanchel, donde vivió hasta su muerte, acaecida el 30 de noviembre de 2017, tras una difícil operación de peritonitis aguda, que no pudo superar.

Carlos era de pequeña estatura corporal, pero tuvo un corazón grande para todos y un alma extraordinaria para Dios. Será recordado siempre con la sonrisa en los labios y el rosario en las manos: «Ni la Virgen misma sabe los rosarios que le has rezado», le decían con cariño los hermanos. Un verdadero santo salesiano, de los que no hacen ruido, pues era más bien callado, pero de los que construyen en torno a sí auténticos espacios de paz y de alegría.