Cortés Miralles, Francisco

Francisco Cortés Miralles

Sacerdote (1922-2016)

Nacimiento: Alcoy (Alicante), 19 de noviembre de 1922
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1945
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 28 de junio de 1953
Defunción: Barcelona, 3 de diciembre de 2016

Nació el 19 de noviembre de 1922 en Alcoy, localidad salesiana de donde han salido numerosas vocaciones para la Congregación. Don Paco llevó siempre con orgullo su irrenunciable ciudadanía alcoyana.

Pasó su adolescencia, marcada por la Guerra Civil, en Valencia. Y aunque allí (en zona republicana) sacó el bachillerato con buenas notas, tuvo que repetirlo al acabar la contienda, a dos años por curso. Tras largas dudas sobre su futuro, optó por la vida salesiana e inició el postulantado en Barcelona-Horta (1943-1944). Al año siguiente hizo el noviciado en Sant Vicenç dels Horts, donde profesó el 16 de agosto de 1945. Cursó filosofía en Gerona e hizo el trienio en el colegio de Horta, donde además de dar clase estudió los dos primeros cursos de ciencias naturales en la Universidad de Barcelona. Siguieron los cuatro cursos de teología en Martí-Codolar y la ordenación sacerdotal en la cripta del Tibidabo el 28 de junio de 1953.

Su primer destino como sacerdote fue el colegio de Horta. Doce años (1953-1965) de mucho trabajo en los que tuvo que compaginar las clases en el colegio y la atención al internado con sus estudios universitarios, que culminó con la obtención de la licenciatura en Ciencias Naturales.

Su nuevo destino fue Mataró (1965-1970), donde ocupó el cargo de jefe de estudios y se entregó generosamente a la animación del oratorio festivo que convirtió en diario.

Le siguió la larga etapa de 37 años en tierras aragonesas repartidos entre las casas de Huesca-San Bernardo (1970-1977), Huesca-Residencia (1977-1980) y finalmente Monzón (1980-2007). En Huesca San Bernardo fue, además de flamante profesor de ciencias, animador de grupos juveniles de fe y acompañante espiritual en momentos de cambios importantes, haciendo siempre gala de su alegría, carácter bromista y buen humor. La Resi de Huesca lo recibió después como director de la obra y de una pequeña comunidad de tres hermanos a la que se incorporaban jóvenes que se planteaban la vocación salesiana.

Posteriormente llegó al colegio de Monzón como administrador y profesor competente. Su disponibilidad era total. Trabajador y generoso en las diferentes misiones que le fueron encomendadas: clases, administración, parroquias… y siempre con talante abierto y comprensivo.

Don Paco fue un salesiano con gran sentido del humor y de la alegría que repartía por doquier, incluso en homilías y charlas. Extrovertido y cercano, le gustaba, como buen alcoyano, el ruido de las tracas y los cohetes que él mismo se encargaba de lanzar al inicio y final de cada fiesta.

Aunque afirmaba que «lo suyo no era la mística», era ejemplar su regularidad en las prácticas de piedad comunitaria y su sincera devoción a María Auxiliadora, de la que era gran propagador entre los alumnos y los miembros de la asociación de devotos de María Auxiliadora.