Iriarte Unzu, Santiago

Santiago Iriarte Unzu

Coadjutor (1914-2012)

Nacimiento: Esparza de Galar (Navarra), 1 de mayo de 1914
Profesión religiosa: Gerona, 3 de agosto de 1931
Defunción: Logroño, 1 de marzo de 2012

La cercanía al 3 de mayo, fiesta de Santiago el Menor, hizo que este fuera su nombre titular. Su padre era zapatero y falleció cuando Santiago tenía 4 años. Paisanos suyos le recordaban como juguetón, simpático, con muy buena voz y que cantaba en la iglesia muy bien.

Su tío Feliciano Unzu, salesiano, junto con el maestro del pueblo, prepararon a Santiago para que pudiera ir, a los 12 años, al colegio salesiano de Rocafort, en Barcelona, donde su tío le presentó a don Felipe Rinaldi.

Durante su estancia en El Campello, pasó don Vespignani pidiendo voluntarios para ir a las misiones, encendiendo en Santiago el deseo misionero. Terminado el noviciado en Gerona, donde profesó el 3 de agosto de 1931, marchó a Italia, a la casa de formación de Cumiana, y en 1935 don Ricaldone lo destinó a Nantung-Kians (China).

Desde 1937, alterna su trabajo durante 15 años entre Hong Kong y Shanghái, conociendo la guerra, la ocupación japonesa y también la influencia comunista. Experimenta el hecho de tener que abandonar los talleres o las casas salesianas, cambiar de lugar, ser acogido en otras comunidades religiosas y padecer las enfermedades propias de aquellos lugares.

Desde 1952 hasta 1993 desarrolla su misión, con más estabilidad, en el Colegio Don Bosco de Macao, perteneciente entonces a la inspectoría de Portugal. Los cambios políticos pusieron fin a la obra salesiana en la China continental en 1954.

Tanto en Hong Kong como en Shanghái y en Macao, se entregó a la formación integral de los alumnos, procurado por que llegaran a ser unos buenos profesionales. Para relacionarse con la gente (mantuvo relaciones epistolares y telefónicas con su familia y sus amigos, especialmente con los bienhechores y expelotaris con quienes había tratado en Hong Kong o en Macao) y para dar clases, se manejaba en italiano, inglés, portugués, euskera, cantonés y en el dialecto del lugar.

Estuvo en Pamplona hasta el año 2006. Durante los 13 años que estuvo en la capital navarra, se puso de manifiesto su gran sentido de profesionalidad y del trabajo bien hecho. Pidió que en la medida de lo posible se le asignara un espacio para trabajar en el taller mecánico: en él pasaba horas y horas en trabajos de soldadura, recomponiendo máquinas, haciendo funcionar motores, desarrollando la mente creativa privilegiada con la que Dios le había dotado.

Los valores religiosos y la identidad salesiana llenaban su vida. Su bondad y su sonrisa cautivaban a quien entraba en relación con él, aunque fuera por primera vez.

Luego pasó a Logroño, donde falleció el día 1 de marzo de 2012. Durante esos años, a pesar de su edad, quiso seguir aprendiendo. Le apasionaban las lenguas y dedicaba tiempo para ponerse al día en euskera.