José Aldazábal Larrañaga
Sacerdote (1933-2006)
Nacimiento: Azkoitia (Guipúzcoa), 4 de julio de 1933
Profesión religiosa: Martí-Codolar, 16 de agosto de 1949
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 22 de junio de 1958
Defunción: Barcelona-Horta, 10 de agosto de 2006
José nació en Azkoitia (Guipúzcoa) el 4 de julio de 1933, de Ignacio y María, que, de sus 10 hijos, entregaron tres a la Iglesia, José y dos hermanas Hijas de María Auxiliadora. Los salesianos llegaron a Azkoitia cuando José tenía 5 años. En el año 1942, con ocasión de la fiesta para la ordenación sacerdotal de don José Luis Bastarrica, el niño José Aldazábal, de 9 años (dicen las crónicas), recitó una poesía titulada Yo quiero ser cura.
En 1944, con 11 años y también con 11 compañeros, salió de Azkoitia hacia Huesca, para hacer el aspirantado, que continuó en Sant Vicenç dels Horts. En el mismo Sant Vicenç inició el noviciado, que terminó en Martí-Codolar con la primera profesión el 16 de agosto de 1949. Tras los años de filosofía en Gerona y el trienio en Ciutadella (Menorca), en 1954 empezó los estudios de teología en Melchet-Court (Inglaterra), de donde regresó con un notable conocimiento del inglés. Y completó la teología en Martí-Codolar, donde fue ordenado sacerdote el 22 de junio de 1958.
Fue enviado después al PAS de Turín, donde se licenció en Teología. Y en 1959 lo encontramos como profesor en el teologado de Martí-Codolar. Entre los años 1965 y 1968 obtiene la licenciatura en Liturgia en la Universidad Pontificia de San Anselmo, en Roma, y empezará a trabajar en su tesis doctoral sobre la liturgia hispánica.
Entre 1968 y 1970 compagina sus clases en varios centros teológicos de Barcelona con la elaboración de su tesis doctoral, que defenderá en Roma en 1970. Conseguido el doctorado, se pudo dedicar con más intensidad a la docencia y a la formación y divulgación litúrgica.
Durante el curso 1975-1976 pudo disfrutar de un año sabático para profundizar más en su especialización litúrgica. De Trier (Tréveris), Alemania, se trajo el dominio de la lengua alemana, su afición a los crucigramas alemanes y mucho material para sus clases y publicaciones. Una vez completada su formación básica y su especialización, entró con gran ilusión en la fase de la formación continuada. Seguía al día las publicaciones de su especialidad, tanto en libros como en revistas. Su dominio del francés, inglés, alemán e italiano, además del castellano, catalán y euskera, del latín y del griego, le permitía disponer siempre de una amplia y actualizada bibliografía.
Sus conocimientos y experiencia revertían rápidamente hacia los demás. En primer lugar a través de la docencia: en el centro Martí-Codolar, además de las clases, se encargaba de la música. Enseñó en la Facultad de Teología de Cataluña, tanto en la sede de San Francisco de Borja (en Sant Cugat del Vallés), como en la sede de Sant Pacià (en Barcelona). Enseñó también en el Instituto Superior de Liturgia de Barcelona hasta finalizar el curso 2005-2006.
En segundo lugar a través de su tarea de escritor y editor de escritos de otros autores en el CPL (Centro de Pastoral Litúrgica) de Barcelona. Estaba realmente vocacionado para ese trabajo: libros sobre temas litúrgicos, sobre homilética, artículos en la revista Phase, fundada por monseñor Pere Tena, de la que José fue director durante muchos años; en la publicación Missa Dominical, también dirigida por él; en la revista salesiana Técnica de Apostolado, hoy Misión joven, y en múltiples libros propios y colaboraciones en publicaciones colectivas. Actualmente, en el ordenador de la biblioteca de Martí-Codolar, se registran 115 entradas de libros y artículos a su nombre.
En tercer lugar se prodigó casi hasta la extenuación en cursillos, conferencias, charlas, en prácticamente todas las diócesis españolas y en muchas de Portugal y Latinoamérica, en monasterios, congregaciones religiosas, parroquias y organizaciones laicales.
Después de este sumario recorrido por la vida intelectual de José, es justo destacar algunos rasgos de su personalidad como profesor: sentía profundamente la liturgia, en la que encontraba una fuente inagotable de espiritualidad. Estaba al día en las publicaciones sobre sus materias. Era un gran comunicador que sabía hacer fácil lo difícil y claro lo confuso. Amenizaba sus exposiciones con bromas y con chistes litúrgicos, que ayudaban a distender y a fijar la atención. Buscaba un lenguaje sencillo, directo, inteligible. Y sabía dar un toque mariano a su enseñanza, integrando la figura de María de Nazaret en el conjunto del Misterio Pascual. «¿Alguien pone en duda» —se pregunta monseñor Tena— «que el padre Aldazábal ha sido uno de los liturgistas que más han influido en la pastoral litúrgica del área latina?».
Como hermano de comunidad, sabía crear buen ambiente, ponerle humor a la vida; muy atento a las personas, cultivaba con devoción las señas de identidad de la comunidad salesiana, pero muy atento, también, a las demandas y necesidades que llegaban de la pastoral parroquial y diocesana.
El lunes 7 de agosto, a media tarde, José estaba en la biblioteca de la comunidad de Horta, junto con otro salesiano, dando los últimos toques a su libro Ministerios al servicio de la comunidad celebrante. De repente sintió un grave malestar que le obligó a ser trasladado al cercano Hospital Residencia del Valle de Hebrón. Pero, a pesar de los cuidados recibidos, falleció el jueves, día 10, a las 17.00 horas, debido a una hemorragia masiva en el aparato digestivo.
Su carta mortuoria concluye con este dato curioso, que refleja su manera de ser, práctica y ordenada. En su puerta tenía colocada una tablilla en la que figuraban sus posibles destinos: «Estoy en misa / Estoy en clase / Estoy en la facultad de Teología / Estoy en Martí-Codolar / Estoy en el CPL / Estoy en el médico / Estoy en el patio [salía a pasear corrigiendo pruebas de imprenta] / Estoy fuera de casa». Así sabían dónde encontrarle. Hoy se podría añadir su definitivo destino: Estoy en la casa del Padre.