Rubio Silvestre, Rafael

Rafael Rubio Silvestre

Coadjutor (1925-2005)

Nacimiento: Geldo (Castellón), 5 de octubre de 1925
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1948
Defunción: Barcelona, 29 de julio de 2005

Nació en Geldo (Castellón) el 5 de octubre de 1925. Desde el 7 de noviembre de 1943 a 1945 fue alumno del colegio salesiano de Valencia-Calle Sagunto. En 1947 sintió la llamada a la vida salesiana y marchó al aspirantado de Sant Vicenç dels Horts, donde hizo también el noviciado y la profesión religiosa el 16 de agosto de 1948 hasta el servicio militar. Profesó como clérigo, pero pasó a salesiano coadjutor en septiembre de 1949, tras un año de estudios de filosofía en Gerona.

Comenzó su misión salesiana en Zaragoza (1949), obra humilde en aquel entonces, con una pequeña escuela primaria y volcada al oratorio festivo para los niños de la barriada. Allí Rafael atendía a los juegos, a los deportes, al teatro, en unos años que le resultaron inolvidables.

Le esperaba una larga y variada trayectoria por las casas de Sarrià-Santo Ángel, Rocafort, Ciutadella, Sarrià (donde saca el título de Magisterio), Valencia, Sabadell, Terrassa, Huesca, Sant Boi de Llobregat y Sarrià de nuevo. Después de un curso nuevamente en Huesca (1994-1995), vuelve a la comunidad de Terrassa, hasta que en 2005 fue acogido en la residencia de Martí-Codolar donde, enfermo del corazón, murió serenamente el 29 de julio de 2005, a los 79 años.

Ejerció de maestro a lo largo de su vida activa salesiana, aunque siempre manifestó predilección por la educación física, pasión a la que dio cauce más allá del horario escolar con la promoción del deporte entre los alumnos del colegio. El teatro, la cocina, el comedor y la administración fueron, además, campos donde se mostró generoso en su trabajo. Y fue, hasta que la salud se lo permitió, asistente de patios y cronista fotográfico, con su cámara siempre colgada al cuello.

Rafael tenía un carácter enérgico y hasta vehemente, pero dentro ocultaba un alma casi de niño, amante de la broma. Podría ser primario e impulsivo, pero era noble, incapaz de mentir.

En sus años jóvenes, disfrutaba con su grupo de trompetas y tambores, asistiendo al patio y charlando con los chicos en plan de amigo y relacionándose con los antiguos alumnos en su centro o en el bar.

Siempre puntual a los actos comunitarios, fue un buen hermano de comunidad, trabajador e implicado en sus obligaciones. Gran devoto de María Auxiliadora.