Salvador Hernández Martín
Sacerdote (1920-2002)
Nacimiento: Aldeadávila de la Ribera (Salamanca), 22 de enero de 1920
Profesión religiosa: San José del Valle, 12 de septiembre de 1937
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 22 de junio de 1947
Defunción: Sevilla, 26 de agosto de 2002
Nació en la villa salmantina de Aldeadávila de la Ribera, pueblo fecundo en vocaciones. Es el menor de ocho hermanos de los que el mayor, Antonio, fue también sacerdote salesiano, quien fallecido a los 27 años de edad.
En otoño de 1932, ingresa en el aspirantado de Montilla y después en San José del Valle, donde hace el noviciado, concluido en la fiesta del Dulce Nombre de María de 1937 con la profesión religiosa temporal, y a continuación tres años de filosofía (1937-1940).
De nuevo en Montilla, realiza el trienio de experiencias pedagógico-pastorales. Es recordado como clérigo entusiasta, deportista, tanto en la parte del internado-aspirantado, como en las escuelas externas. En octubre de 1943 ingresa en el teologado de Carabanchel Alto, donde coronará su formación inicial, recibiendo el 22 de junio de 1947 la ordenación sacerdotal.
Se estrena como consejero dos años en Montilla y otros dos en la escuela sindical Virgen del Carmen de Puerto Real. Con el mismo servicio va al Hogar de San Fernando, obra fundada por el Ayuntamiento de Sevilla en el popular barrio de la Macarena, para acoger a adolescentes y jóvenes huérfanos o faltos de atención familiar. Aquí dejará lo mejor de sí mismo durante nueve años, seis como director (1953-1959).
En el sexenio siguiente (1959-1965) dirigió la escuela profesional agrícola de Campano, como comentaba socarronamente, con aires de amo de cortijo. Si siempre consideró un deber del director o del administrador el dar su vueltecita por la casa, en Campano la dará casi a diario en la yegua de turno. Regresará diez años más tarde (1974-1981), como administrador, cuando la situación de la escuela era crítica, al haber perdido el bachillerato agrícola.
El intermedio de nueve años, entre 1965 y 1974, lo pasa por tierras extremeñas. El primer quinquenio lo vive en Puebla de la Calzada, con una finca agrícola y también aspirantado. Los siguientes los disfruta en la cercana presencia salesiana de Mérida. Siempre como administrador, durante los casi 30 años (1974-2001) restantes de vida irá dejando constancia de su buen hacer. De un extremo a otro, de nuevo a Campano, al colegio de Cádiz, a Badajoz, para vivir su última década de existencia en el complejo trinitario de Sevilla: el primer trienio en la escuela de formación profesional y en la casa Don Pedro Ricaldone, como vicario-administrador hasta el mismo día de su muerte.
Salvador fue una gran persona; un hombre sencillo, prudente, ponderado en sus juicios, ecuánime en sus apreciaciones, leal y fiel a la palabra dada. Dotado de un carácter algo reservado, no se dejaba llevar ni del entusiasmo ni de la depresión. En la última etapa de su vida se hizo palpable su afán de servir a los salesianos enfermos.
Y él, que tan bien administró y controló los bienes que la providencia puso en sus manos, ni con los atentos cuidados de los más expertos doctores pudo controlar al final ni su diabetes, ni su artrosis, ni sobre todo su corazón que, debilitado a ojos vista, la madrugada del 26 de agosto de 2002, dejaba de latir para siempre en la sevillana Cruz Roja de Capuchinos, a los 82 años de edad.