García Torices, Demetrio

Demetrio García Torices

Coadjutor (1926-1998)

Nacimiento: Villanueva de la Torre (Palencia), 14 de agosto de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 8 de febrero de 1948
Defunción: Bilbao, 19 de noviembre de 1998

En el pequeño pueblo de Villanueva de la Torre, al norte de Palencia, Demetrio dio sus primeros pasos en la fe de Jesús; fe sencilla y entregada que lo acompañó a lo largo de toda su vida.

A los 16 años en el colegio de Deusto inició su aprendizaje de mecánica, a la vez que fue conociendo la vida religiosa salesiana para, cuatro años más tarde, tomar la decisión de solicitar su ingreso en el noviciado de Mohernando, era el 8 de febrero de 1948.

Tras su primera profesión como religioso salesiano, pasó unos meses en el colegio de San Fernando-Madrid, y al final del año marchó a Turín-Rebaudengo para seguir su proceso formativo en los años de perfeccionamiento. Volvió a España y permaneció durante nueve años como maestro y jefe de taller en las madrileñas casas de Atocha y San Fernando. El 19 de julio de 1954 hizo los votos perpetuos.

En 1960, fue destinado a la casa de Deusto, en la que permanecería el resto de su vida entregado a aquellas encomiendas que los superiores le encargaban. Su labor docente estuvo orientada preferentemente a la enseñanza en el taller de mecánica; durante 13 años como jefe de taller y posteriormente, hasta la jubilación, como maestro de taller. Su especialidad era la calderería y la soldadura, a la que dedicó gran parte de su actividad.

Dedicó tiempo y energías a una labor de seguimiento de los muchachos por medio del deporte; fueron muchos años de esfuerzo generoso en la gestión de un club deportivo por el que han pasado muchos jóvenes agradecidos al trato personal y cercano que les dispensaba; unas veces de entrenador, para ello se preparó y cualificó oportunamente; otras como auxiliar incondicional limpiando los vestuarios, removiendo la arena o regando el campo, preparando equipajes, balones, redes… No en vano el campo de fútbol era reconocido como el campo de Demetrio; todo para que el deporte fuera un recurso educativo en el que los muchachos se encontraran a gusto y les ayudara en sus vidas.

Ya jubilado, procuraba hacerse presente en el campo, saludando y acompañando durante los partidos a los espectadores y los jóvenes deportistas. Precisamente el Club Deportivo Salesianos quiso rendirle un homenaje tras su muerte, colocando una placa en su honor.

Su muerte, casi imprevista, dejó el recuerdo de una persona que se hacía querer por su cercanía y bondad. Falleció en Bilbao, el día 19 de noviembre de 1998, a los 72 años de edad.