Aparicio Picado, Felicísimo

Felicísimo Aparicio Picado

Sacerdote (1913-1995)

Nacimiento: El Cubo de Don Sancho (Salamanca), 26 de enero de 1913
Profesión religiosa: San José del Valle, 11 de septiembre de 1931
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 1 de junio de 1941
Defunción: Sevilla, 20 de septiembre de 1995

Felicísimo había nacido en el pueblecito salmantino de El Cubo de Don Sancho. Sus padres lo educaron con principios cristianos, juntamente con otros seis hermanos.

La influencia materna lo marcó para toda la vida. Animado por ella, en 1924 marchó al aspirantado de Montilla; en San José del Valle hace el noviciado, que termina con la profesión temporal el 11 de septiembre de 1931, y los estudios filosóficos, tras el trienio práctico, realizado en Alcalá de Guadaíra y Utrera. Por las difíciles circunstancias de la Guerra Civil, realiza los estudios teológicos en diversas casas de la inspectoría, para concluirlos en el teologado nacional de Carabanchel Alto, donde es ordenado sacerdote el 1 de junio de 1941.

Durante siete años permanece en el aspirantado de Montilla, primero como catequista y luego como director, creando el Centro Don Bosco y el Círculo Domingo Savio.

En 1948 es enviado a San José del Valle como director del noviciado y dos años después simultanea este cargo con el de maestro de novicios, que desempeñará hasta 1966 y que le dará ocasión de trabajar con casi un millar de novicios de las inspectorías de Córdoba y de Sevilla.

De 1966 a 1973 es sucesivamente director en Algeciras, profesor en Puerto Real y luego encargado de EGB en Cádiz.

Después de tres años como secretario inspectorial, durante el trienio siguiente asume la delicada tarea de administrador de la casa de Mérida. La década sucesiva, en Badajoz, es coadjutor de la parroquia, prodigándose como asiduo confesor, confidente y guía espiritual. En 1993, a sus 80 años, cuando creía que ya todo estaba cumplido, la obediencia lo devuelve a San José del Valle.

Había gozado de buena salud, hasta que, meses antes del fallecimiento, se le diagnosticó leucemia, por lo que fue trasladado de San José del Valle a la casa inspectorial de Sevilla y, sin que nada pudieran hacer para superar su crisis en el Hospital San Juan de Dios, falleció el día 20 de septiembre de 1995.

Fue un salesiano de delicada bondad, humilde y sensible, de conversación amena y cariñosa, que con su mirada transparente se ganaba con facilidad el corazón de las personas. Un tanto tímido, siempre sereno, tranquilo, recogido, al principio imponía respeto, pero en seguida su trato exquisito creaba confianza. Su porte externo, siempre impecable y ordenado, era signo visible de su armonía interior.

Tenía alma de artista. Con la misma meticulosidad que esculpía las almas, tomaba el pincel y se expresaba en el lienzo, cuando en los últimos años sus responsabilidades fueron menores.

Observante cien por cien de las reglas y prescripciones de la Congregación y de la Iglesia, gran devoto de María Auxiliadora, don Felicísimo fue un fiel comunicador del espíritu salesiano, más con su vida que con sus palabras.