Antonio Jordana Ramoneda
Coadjutor (1908-1995)
Nacimiento: El Vilar de Cabó (Lérida), 29 de julio de 1908
Profesión religiosa: Sarrià, 5 de agosto de 1927
Defunción: Pamplona, 1 de enero de 1995
Por dificultades familiares, a la muerte de su padre fue recibido junto con su hermano en la casa de Barcelona-Sarrià, desde donde fue enviado como mozo de mantenimiento y limpieza a la casa salesiana de Ciutadella (Menorca). Al cabo de un año, volvió a Sarrià.
Quería ser salesiano. Allí comenzó a dar los primeros pasos en la profesión de la sastrería en la que llegaría a ser un auténtico maestro.
Después de hacer el noviciado, profesó como salesiano coadjutor y recibió su primer destino para Argentina. Durante un año trabajó en la Escuela de Vignaud-Córdoba y durante otros cinco en Tucumán.
Volvió a España, a Sarrià, y la Guerra Civil le obligó a huir, después del triple asalto y registro de la casa. Disfrazado de carretero y con la cara y las manos manchadas de carbón, se presentó en su casa, donde ni su madre fue capaz de reconocerlo. Pudo después embarcar en el puerto de Barcelona en un carguero alemán que lo llevó a Génova. Durante su estancia en Italia perfeccionó los conocimientos técnicos de su profesión de sastre y su formación salesiana.
Volvió a la casa de Pamplona donde permaneció 58 años, casi ininterrumpidos, hasta el día de su muerte. En el organigrama de la escuela fue jefe de taller hasta el año en que se clausuró esta sección de sastrería. Por propia iniciativa asumirá durante unos años la tarea de jefe de mantenimiento y limpieza de la escuela.
El señor Jordana es recordado por sus alumnos como un hombre austero, serio, exigente y meticuloso, aunque también cercano a las personas y sus situaciones concretas. Vivió su vida en intensa fidelidad, en la estricta observancia de lo establecido por las Constituciones y normativa de los superiores.
Desde su jubilación, la presencia sacramental del Señor fue el júbilo de su vida. Fiel y puntual en la participación a las prácticas de piedad de la comunidad, era frecuente verlo con un pequeño rosario de anillo rezando en el coro de nuestra iglesia o haciendo ratos de oración en la capilla o en alguna de las iglesias del entorno.
Durante más de 20 años, la asistencia en el comedor, en los dormitorios, el acompañamiento de los alumnos durante los tiempos de paseo semanal le hacía ser y sentirse profundamente educador. Don Antonio fue un hombre de patio, presente entre los muchachos, inquieto por su educación y con gran capacidad de adaptación a la evolución de la cultura y de los tiempos.