Navarro Selva, Manuel

Manuel Navarro Selva

Sacerdote (1916-1994)

Nacimiento: Alicante, 26 de septiembre de 1916
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 24 de junio de 1951
Defunción: Córdoba (Argentina), 3 de febrero de 1994

Nació el 26 de septiembre de 1916 en Alicante; sus padres, Manuel y Amalia, lo ingresaron en el colegio salesiano de su ciudad, donde hizo los estudios elementales (1925-1931). Siguió estudiando comercio e idiomas en su localidad. Durante la Guerra Civil española, como era miembro de la junta de antiguos alumnos y de la Acción Católica, estuvo prisionero en el llamado «Batallón de castigo». Estos sufrimientos le hicieron madurar en su propósito de consagrarse a Dios; y así inició el noviciado en Sant Vicenç dels Horts y emitió sus votos religiosos el 16 de agosto de 1944.

Realizó el tirocinio práctico entre Gerona y Mataró, estudió teología entre Carabanchel Alto (1947-1950) y Martí-Codolar (1950-1951), y fue ordenado sacerdote en el Tibidabo, el 24 de junio de 1951.

Trabajó en el Tibidabo (1951-1954), encargado de propagar la devoción al Sagrado Corazón, mediante la revista, la radio, conferencias, peregrinaciones, retiros, y la Adoración Nocturna. Siguió en Sarrià (1954-1955), Valencia-San Antonio, la SEI de Madrid; fue director un año en Valencia-San Vicente Ferrer (Institución Sindical) (1959-1960) y dos en Valencia-San Juan Bosco; en Villena fue un año prefecto y cinco, confesor en Valencia-San Antonio (1963-1968).

El 17 de septiembre de 1968 marchó a Argentina, invitado para siete años por el obispo salesiano monseñor Carlos M. Pérez, obispo de Salta. Ya no volvió a España. Problemas de salud en su corazón le impidieron trabajar plenamente. Fue secretario del obispo, estuvo destinado en el Departamento de Anta, en Alta Gracia, La Quintana y en Córdoba, donde falleció el 3 de febrero de 1994, a los 77 años.

Fue un salesiano que se distinguió por la prudencia, el equilibrio y amor a la Iglesia; un religioso de aguda inteligencia y agotador empuje pastoral. Su claro sentido de Dios producía impacto a muchos. Poseía una gran autoridad moral, porque su acertada visión de las personas y situaciones le llevaba a vivir las relaciones con dignidad y respeto. Por mortificación y penitencia, según propias declaraciones, decidió no regresar nunca a España, a pesar de sus deseos largo tiempo acariciados. El instituto de las Hijas de María Auxiliadora ocupó un lugar privilegiado en su corazón salesiano.