Claudio Sánchez Martín
Sacerdote (1903-1993)
Nacimiento: Palencia, 18 de febrero de 1903
Profesión religiosa: San José del Valle,10 de septiembre de 1920
Ordenación sacerdotal: Cádiz, 14 de junio de 1930
Defunción: Utrera (Sevilla), 10 de agosto de 1993
Nació en Palencia, donde su padre se encontraba destinado como oficial del ejército. Pronto la familia pasó a la provincia de Salamanca y en la histórica villa de Ciudad Rodrigo transcurrió su niñez y primera adolescencia.
Don Bosco se fijó en aquella familia cristiana, auténtica iglesia doméstica, y eligió para sí a Claudio y a José, ambos sacerdotes salesianos, y a Eugenia, Hija de María Auxiliadora.
Fruto de las campañas vocacionales de don Julián Sánchez, en 1918 y con tres cursos de bachillerato, pasa un año como aspirante en Cádiz y marcha después a San José del Valle para hacer el noviciado, que corona con la profesión religiosa el 10 de septiembre de 1920. Allí mismo cursa los tres años de filosofía y allí comienza también su trienio práctico como profesor y asistente de los jóvenes salesianos en formación, que proseguirá en la casa de Utrera. Estudia teología en las casas de El Campello, Utrera y San José del Valle, y es ordenado sacerdote en Cádiz el 14 de junio de 1930.
Estudia en la Universidad de Sevilla la carrera de Ciencias Químicas, que acaba con premio extraordinario (1 de octubre de 1933). La vocación científica será una de las características de su personalidad hasta los últimos años de su vida. En el recuerdo de sus innumerables antiguos alumnos queda como el salesiano ejemplar y el inolvidable maestro que les inculcó el placer por la ciencia.
Concluidos los estudios universitarios, en 1935 vuelve de nuevo a Utrera encargado de la pastoral. El verano de 1936 va a la casa de Pozoblanco, para recomponer su maltrecha salud, y allí le sorprende el estallido de la Guerra Civil que vivió en medio de innumerables incidentes: huidas, ocultamiento en un desván, cárceles, juicios, traslado a Jaén, trabajos, hambre y pobreza… Durante estos tres años no olvidó su condición sacerdotal y, a escondidas, ejerció el ministerio con la celebración de los sacramentos de la eucaristía, de la reconciliación y del matrimonio.
Concluida la guerra, vuelve a Utrera como catequista y secretario del colegio, y en 1942 es nombrado director. Pasa después a Tenerife a fundar y dirigir el colegio de La Orotava (1946-1952).
En 1952 es nombrado inspector de la inspectoría bética (1952-1958), que a los dos años se divide en la de Córdoba y la de Sevilla, permaneciendo don Claudio inspector de la sevillana. Su inspectorado se caracterizó por la fidelidad a Don Bosco, por su sencillez y espíritu paternal y por su preocupación en preparar sedes dignas para las casas de formación. Por su mediación, la inspectoría se encargó de la Universidad Laboral de Sevilla.
En la nueva inspectoría cordobesa, durante el sexenio 1958-1964, dirige la casa de Úbeda y en el siguiente trienio, el nuevo aspirantado de Pedro Abad. Tras dos cursos en Triana como confesor y profesor, una vez más se le confía la dirección técnica del colegio de La Palma del Condado. En 1972 asume la dirección de Campano (Cádiz).
A pesar del transcurso del tiempo, conservó una inteligencia lúcida, abierto siempre al futuro. Se puede decir de él que fue toda su vida un hombre moderno. Su innata curiosidad científica, viva hasta en sus últimos años, le impulsó a estar al día.
En 1974 recaló definitivamente en Utrera, y se entregó al apostolado de la confesión y a la afición de toda la vida: los laboratorios de física, química y ciencias naturales.
Sus últimos años, muy disminuido físicamente, los vivió con la ilusión de hacer algo. En la vejez fue cuando apareció la grandeza de su persona: todo lo encontraba bien, siempre contento y dando las gracias, educado y amable en extremo, obediente a las insinuaciones del director. Sin duda, una ancianidad ejemplar; como había sido su vida entera.
Don Claudio fue ciertamente una de las figuras señeras de la inspectoría, por la sencillez y naturalidad con que vivió su larga y fecunda existencia terrena. Falleció en Utrera a los 90 años, el 10 de agosto de 1993.