Boira Plumet, José

José Boira Plumet

Sacerdote (1899-1978)

Nacimiento: Monreal del Campo (Teruel), 25 de junio de 1899
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 17 de julio de 1918
Ordenación sacerdotal: Vich (Barcelona), 24 de marzo de 1928
Defunción: Elche, 1 de abril de 1978

Nació el 25 de junio de 1899 en Monreal del Campo (Teruel). Sus padres, Constantino y Juliana, se trasladaron a la ciudad del Turia, y en septiembre de 1911 José entró en nuestro colegio de Valencia-San Antonio.

A los dos años inició el aspirantado en El Campello y en Madrid-Carabanchel hizo el noviciado y la primera profesión el 17 de julio de 1918. Allí mismo cursó los estudios de filosofía, terminados los cuales, inició el trienio práctico que le llevaría, durante cuatro años, a las casas de Barcelona-Rocafort, Alicante, Villena y Huesca.

Comenzó los estudios de teología en Turín-Crocetta (1924-1927) y los terminó en Barcelona (1927-1928). El 24 de marzo de 1928, fue ordenado sacerdote en Vich por monseñor José Torras i Bages.

Fue destinado después a Barcelona-Rocafort y a los tres años su afán misionero le llevó a la India, donde trabajó apostólicamente en las casas de Bombay, Madrás y Kotajiri.

Allí, aquel baturro, pequeño de estatura y recia complexión, en su afán de adaptarse lo antes posible a su nuevo campo de trabajo, pasó por la escuela primaria como un alumno más, para aprender bien inglés y poder actuar mejor en su trabajo misionero. Su entrega y su despreocupación quisieron que adquiriera los primeros síntomas de la lepra en la piel.

Volvió a España en 1951. En Alicante declararon los médicos que las manchas de su piel eran lepra. Don José Boira no se desalentó. Aceptó con resignación su nueva situación, siempre dispuesto a todo, siempre alegre, siempre tomando rapé y cantando jotas.

Entró en el sanatorio de Fontilles (Alicante), donde permaneció durante 17 años. Como la lepra era inicial y no aparecía la menor muestra en su rostro ni en sus manos, no sufría complejo alguno. Trabajó apostólicamente entre los enfermos, les organizó una banda de música. Hasta tal extremo se había dado a ellos que, cuando la comunidad de jesuitas le brindó pasar a convivir con ella, prefirió continuar con los enfermos.

Al terminar la estancia en Fontilles, fue destinado a la casa salesiana de Albacete, donde estuvo cuatro años, actuando con optimismo singular y gran piedad. «Soy viejo, pero no soy carca», solía repetir con humor.

Pasó después a Elche-San José Artesano. Fue su última casa, donde vivió como salesiano ejemplar, totalmente aceptado por los hermanos, desprendido de las cosas, desbordante de alegría, confesando y llenando el resto del tiempo traduciendo al castellano un tomo de las Memorias Biográficas de San Juan Bosco. Uno de sus inspectores salesianos lo definió como hombre bueno, salesiano bueno, sacerdote bueno, misionero bueno y entregado a los pobres.

Murió como había vivido, calladamente y sin ruido, en la casa de Elche-San José el 1 de abril de 1978, a los 78 años.