José Aguilar González
Sacerdote (1898-1978)
Nacimiento: Támara de Campos (Palencia), 18 de abril de 1898
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1917
Ordenación sacerdotal: Santiago de Cuba, 7 de abril de 1925
Defunción: Bilbao, 14 de abril de 1978
Nació don José Aguilar en el pequeño pueblo de Támara de Campos de la provincia de Palencia, donde pasó sus primeros años de vida.
Comenzó su formación salesiana en El Campello, donde cursó los años de aspirantado. El noviciado lo hizo en Carabanchel Alto, donde profesó el 25 de julio de 1917. Allí mismo realizó los estudios de filosofía. Fue enviado, como tantos otros, a Cuba para salvarse del servicio militar. Allí estudió, como buenamente pudo, teología y fue ordenado sacerdote en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1925.
Volvió a España y fue destinando al colegio de bachillerato de Carabanchel Alto. Su primer cargo fue el de consejero, encargado, por tanto, de los estudios y del orden del colegio; él lo ejerció según eran las exigencias que regían en aquellos años en los colegios de bachillerato, donde se requería una disciplina sin muchas concesiones, y a tono con su temperamento fuerte, a veces duro, pero siempre noble y cordial.
Curtido ya como sacerdote, fue nombrado director del colegio de San Benito (Salamanca), de tan venerable tradición salesiana. Como América tiraba de él, volvió a aquel continente, para vivir allí años intensos y difíciles. Moca y Santo Domingo le ofrecieron campo fértil para su trabajo pastoral y para su tesón, alentado por monseñor Pittini. Vino de visita a España en el año 1938.
Las dificultades de la Guerra Civil le retuvieron en España y ya no pudo regresar a América. Se quedó siempre con esa nostalgia. Fue ejerciendo su ministerio en los colegios de Vigo, Santander-Viñas, Barakaldo y Deusto. Allí desplegó siempre el ritmo de trabajo que le inspiraba su dinamismo: maestro, asistente, músico, predicador y celador de la devoción de María Auxiliadora, que fue divulgando por todos los caminos que se le abrieron.
En 1961, al dividirse las inspectorías de Madrid y Bilbao, fue destinado a Ciudad Real. Con otros pocos salesianos, se hizo cargo de la Escuela-Hogar Santo Tomás de Villanueva. La situación, el ambiente y la fama como hospicio eran deprimentes, pero los salesianos se empeñaron a fondo para cambiar las cosas. Don José, como sus colaboradores, tuvo que hacer de todo: educador, maestro de escena, entrenador de deportes, corredor de lotería benéfica y, sobre todo, celador de la devoción a María Auxiliadora. Él dio resonancia al 24 de mayo y logró que la Virgen de Don Bosco, en pocos años, entrara en centenares de hogares manchegos y figurara con puesto propio en el cortejo de Vírgenes de la tierra: la Virgen del Prado, la de Alarcos, de las Nieves, etc.
El día 9 de abril de 1978 salió, en perfectas condiciones de salud y de ánimo, para un viaje circunstancial del que pensaba regresar en breve. Iba a Bilbao, donde su presencia era acogida todos los años por parientes y amigos como una fiesta. De pronto, y ya entre los familiares de Barakaldo, se vio aquejado por un infarto de corazón. Enseguida se dio cuenta de que la cosa era muy seria y el final, inminente.
Con plena lucidez, se hizo trasladar al colegio de Deusto. Recibió los últimos auxilios y falleció serenamente. Era la primera hora del Miércoles Santo, día 14 de abril de 1978, a pocos días de cumplir 80 años. Recibió sepultura en el panteón de los salesianos de Barakaldo.