Morido Matas, Alejandro

Alejandro Morido Matas

Coadjutor (1892-1965)

Nacimiento: Aldea Nueva del Camino (Cáceres), 1 de febrero de 1892
Profesión religiosa: Sarrià, 19 de marzo de 1910
Defunción: Pamplona, 21 de febrero de 1965

Una santa mujer, doña Felisa Esteban, fundadora y gran bienhechora de los salesianos en Béjar (Salamanca), que tantas vocaciones envió a Barcelona-Sarrià y sostenía con sus limosnas, fue el medio del cual Dios se sirvió para encaminar a don Ale, como se le conoció, hacia la vida religiosa.

Alumno del colegio de Béjar (1902), le encontramos ya en el año 1905 como aspirante en las escuelas profesionales de Sarrià. Aprendiz aventajado en la encuadernación, cultivó también la música, para la que demostró tener excelentes cualidades.

En el curso 1908-1909 y bajo la dirección del padre maestro don Antonio Balzario, hizo el noviciado, teniendo que retrasar la profesión religiosa debido a los tristes sucesos de la Semana Trágica de Barcelona. El mártir, hoy beato, don Enrique Saiz, fue uno de sus compañeros.

En 1914 los superiores le destinaron al nuevo colegio de Alicante, su campo de trabajo durante 16 largos años, y allí, como los salesianos eran pocos y muy grande la labor, le tocó hacer de todo: de maestro de clase y de canto, de sacristán, de director de banda y hasta de cómico de teatro, haciendo las delicias de centenares de chiquillos… y de mayores.

Todos los que vivieron aquellos primeros años del colegio de Alicante recuerdan con singular cariño al buen salesiano, al servicial, querido y popular don Ale, que con su banda infantil llenaba la casa de alegría y daba un gran realce a las fiestas salesianas, en especial, a la fiesta de María Auxiliadora. Hasta le requerían de otras muchas partes para solemnizar sus festejos.

En 1931 las turbas revolucionarias saquearon y prendieron fuego a la casa salesiana; los salesianos tuvieron que huir para ponerse a salvo, no sin antes pasar por las cárceles. Huyendo de Alicante, volvió a su muy amada casa de Sarrià. El afecto de superiores y hermanos y las exquisitas atenciones allí recibidas serenaron su ánimo y fortalecieron su menguada salud.

Era por aquel tiempo inspector el mártir, hoy beato, don José Calasanz. De él recibió la obediencia para ir a Pamplona. Treinta y cuatro años de intensa actividad le esperaban en esta casa. Otra vez empuñó con brío la batuta y comenzó sus clases de canto y de banda. Trabajaba, además, de ayudante del administrador y le encargaron la librería.

Y si en Alicante la banda de música se hizo famosa, no lo fue menos la de Pamplona. La banda de don Ale era imprescindible en toda fiesta de la escuela. En la procesión del Corpus se le vio desfilar año tras año por las calles de la ciudad, y de fuera le llamaban para actuar en actos religiosos y populares. Poseía un verdadero arsenal de música copiada por él y como se sabía, le llegaban de todas partes peticiones de copias de partituras. Nunca supo negarse a los ruegos de los hermanos. En el aula de salesianidad de Bilbao se conservan las partituras musicales para Gran Banda, de don Ale.

No pasó desapercibido a sus alumnos su gran espíritu de trabajo; por ello y en prueba de gratitud, solicitaron del Ministerio la Medalla al Mérito del Trabajo, que le fue impuesta solemnemente por el señor delegado del Trabajo en la fiesta de la Unión de Antiguos Alumnos en el año 1955.

En invierno de 1964, su salud empeoró seriamente y aunque se repuso un tanto, a partir de octubre de ese mismo año comenzó a declinar hasta el momento de su fallecimiento ocurrido en Pamplona, el 21 de febrero de 1965, a los 73 años de edad.