Sánchez García, Florencio

Florencio Sánchez García

Sacerdote (1900-1957)

Nacimiento: Monsagro (Salamanca), 26 de octubre de 1900
Profesión religiosa: San José del Valle, 12 de septiembre de 1918
Ordenación sacerdotal: Turín, 8 de julio de 1928
Defunción: La Habana (Cuba), 4 de abril de 1957

Nació en Monsagro (Salamanca) el 26 de octubre de 1900, de Vicente y María, que lo educaron según los profundos principios cristianos, tradicionales en aquellas familias de la vieja Castilla. Frecuentó las escuelas nacionales del pueblo junto con un hermano, que también llegó a sacerdote.

A los 13 años entró en nuestro colegio de Écija y acabó el bachillerato en el de Cádiz, donde pidió la admisión al noviciado, venciendo una cierta resistencia del padre. Fue admitido al noviciado en San José del Valle y allí emitió su primera profesión el 12 de septiembre de 1918.

Hizo el trienio práctico en Utrera (1920-1923). De 1923 a 1924 cumplió su servicio militar en Sevilla, alternándolo con la escuela y la asistencia.

Hizo teología en Turín-La Crocetta, coronándola con la ordenación sacerdotal en la basílica de María Auxiliadora, el 8 de julio de 1928. Mientras estudiaba teología, fundó la edición española de Juventud Misionera, que comenzó a editarse en Turín.

Inició su apostolado sacerdotal en Ronda como catequista. En 1931 fue nombrado director del aspirantado de Montilla. En 1936, mientras pasaba las vacaciones con sus aspirantes en Ronda, estalló la Guerra Civil.

Terminada la contienda, en 1939 fue elegido inspector de la inspectoría bética. Se dedicó con celo a rehabilitar las casas de formación y multiplicar las obras, reorganizó los antiguos alumnos, promoviendo los consejos regionales y nacionales, creó en Sevilla la Residencia Universitaria Salesiana (RUS). Fundó la revista Ven y sígueme para el cultivo de las vocaciones de coadjutores, editó un catecismo para el fomento de la religión en los colegios y organizó los certámenes inspectoriales.

Fue nombrado después director y maestro del noviciado de San José del Valle (1946-1949). Pasados tres años de vida tranquila con los novicios, la obediencia lo puso al frente de la inspectoría tarraconense, con sede en Barcelona. Impulsó allí el aumento de las vocaciones y se reactivaron las obras del templo del Tibidabo, inaugurado en 1951, con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona. Para fomentar su conocimiento, dio vida a la revista Tibidabo. También nacía en estos años la revista Jóvenes, que adquirió una rápida difusión, hasta conseguir 40.000 suscripciones por toda España.

En 1953 fue nombrado inspector de la nueva inspectoría de las Antillas. Su primera preocupación fueron las vocaciones: fundó en Cuba un nuevo y amplio aspirantado y en Arroyo Naranjo, cerca de La Habana, el noviciado y estudiantado filosófico de la nueva inspectoría. A pesar de la gran penuria de personal, logró abrir nuevas casas y consiguió terminar el grandioso templo del Sagrado Corazón en Moca (República Dominicana).

El secreto de tanta y tan variada actividad estaba en su gran amor a Don Bosco y a la Congregación. Como en el caso de Don Bosco —afirmó de él el rector mayor, don Renato Ziggiotti— «toda su prodigiosa actividad estaba sostenida por una profunda vida interior, de la que brotaban las tres características de la espiritualidad salesiana: un santo optimismo, una imperturbable serenidad de espíritu y una constante conformidad a la voluntad de Dios».

Había escrito a los superiores de Turín: «No se preocupen por mí. En momentos trágicos, 10 veces he estado ante los umbrales de la muerte, y siempre he ofrecido mi vida por la amada Congregación».

El Señor aceptó esta vez su disponibilidad. El día 4 de abril de 1957 moría en accidente de tráfico en La Habana, a la edad de 56 años.