Ambrosio Díaz Rivas
Sacerdote (1911-1998)
Nacimiento: Maliaño (Santander), 2 de marzo de 1911
Profesión religiosa: Sarrià, 2 de septiembre de 1928
Ordenación sacerdotal: Roma, 18 de diciembre de 1938
Defunción: El Campello, 13 de enero de 1998
Nació en el pueblo cántabro de Maliaño el 2 de marzo de 1911. «Nací en una familia muy cristiana: tenía un tío párroco y otro jesuita», dice el mismo don Ambrosio. Él era el menor de cinco hermanos. Tres de ellos se hicieron salesianos: Faustino y Ambrosio, sacerdotes, y Camilo, coadjutor.
Al comienzo del año 1923 llega como aspirante a El Campello, donde enseguida destaca por sus cualidades y buena inteligencia. Realiza el noviciado en Barcelona-Sarrià y allí profesa el día 2 de septiembre de 1928. En Sarrià comienza el bienio filosófico que termina en Gerona. Es enviado después a la Universidad Gregoriana de Roma, donde obtiene la licenciatura en Filosofía. Vuelve al estudiantado filosófico de Gerona para el trienio práctico, y en septiembre de 1935 marcha de nuevo a la Universidad Gregoriana de Roma para cursar los estudios de teología. El 18 de diciembre de 1938 recibe la ordenación sacerdotal en la basílica del Sagrado Corazón de Roma.
De 1939 a 1950 lo encontramos en Carabanchel Alto como profesor de Dogma, Historia y Patrología. En esos años la creatividad de don Ambrosio se desborda en su afán de complementar la formación de los teólogos en canto gregoriano, estudios bíblicos, conferencias, conciertos, teatro, visitas a museos de la capital…
Cuando se implanta el teologado de Barcelona-Martí-Codolar, es enviado como consejero de estudios y allí vuelve a programar las mismas actividades, movido por su inquietud intelectual y su corazón pastoral. Forma parte de la comisión diocesana para preparar el XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona. Se compromete con la difusión y adhesión a la obra del templo nacional del Tibidabo, y unos años más tarde formará parte de la comisión organizadora del I Congreso Internacional del Sagrado Corazón en Barcelona (octubre de 1961), en el que intervinieron relevantes teólogos, como Karl Rahner. En sus viajes a Roma realiza gestiones y consigue que el papa Juan XXIII sea quien inaugure, desde el Vaticano, la iluminación de la imagen del Sagrado Corazón y se conceda al templo el título de basílica.
En 1958, es nombrado director del colegio de Barcelona-Horta, en el que proyecta, planifica, adquiere nuevos terrenos con la aportación generosa de los padres de alumnos para ampliar los campos deportivos, organiza ejercicios espirituales para antiguos alumnos… El colegio adquiere gran prestigio en la ciudad.
En 1964 recibe el nombramiento de inspector de Sevilla (1964-1970). Se muestra dinámico y emprendedor y la inspectoría alcanza en su gobierno un gran empuje. La celebración del Concilio Vaticano II coincide con su gestión inspectorial. Se preocupa con esmero de los salesianos, de su vida religiosa y pastoral, imparte ideas de continuo estímulo, derrama entusiasmo y amor a los salesianos y a los jóvenes. El espíritu del Concilio y del Capítulo General Especial fue calando poco a poco en todos los ambientes salesianos de Andalucía. Los últimos años, coincidiendo con el postconcilio, fueron muy duros para don Ambrosio debido al abandono vocacional de muchos salesianos, sobre todo jóvenes.
Al terminar el cargo de inspector, es destinado al colegio mayor universitario de San Juan Evangelista de Madrid (1970-1971), del que ya era director su hermano Faustino. Fue un año difícil por la situación política y social.
Durante un curso escolar dirige el centro de formación profesional de Jerez de la Frontera (1971-1972) y posteriormente el colegio de Utrera (1972-1975). Fue considerado como un director con visión de futuro, transformó la vetusta casona en un colegio moderno, funcional, comenzando por la implantación de la educación mixta. La situación económica, muy deficiente por carencia de subvención del Estado, la resolvió en una visita al presidente del Gobierno Carrero Blanco, que veraneaba en un pueblecito de Cádiz.
La Conferencia Ibérica le confía la novedosa responsabilidad de organizar los cursos de formación permanente para salesianos, que dirigirá de 1975 a 1991, en Urnieta (Guipúzcoa) primero, y después, en El Campello (Alicante). Fueron muchos los salesianos españoles, portugueses e hispanoamericanos que gozaron de estos tiempos de reflexión y puesta al día.
Con 80 años cumplidos, es destinado a la comunidad del Colegio Don Bosco de Alicante (1991-1996), donde todavía encuentra fuerzas para dedicarse a escribir la historia de las casas de El Campello (1983), Valencia-Calle Sagunto (1989) y Alicante (1994).
Su salud empeora y es trasladado a la casa de El Campello, donde dio un impresionante ejemplo de resignación y de paz.
«Volví de Roma —dejó escrito—, tras ordenarme de sacerdote, dispuesto a “romperme la crisma” por la Congregación Salesiana. Esta disposición me ayudó a caminar sin crisis ni traumas de ninguna clase».
Murió en El Campello el día 13 de enero 1998, a los 86 años de edad.