Aguilera Rus, Luis

Luis Aguilera Rus

Coadjutor (1910-1982)

Nacimiento: Granada, 15 de junio de 1910
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1950
Defunción: Campano (Cádiz), 23 de marzo de 1982

Granadino de nacimiento, de acento inconfundible que conservó a lo largo de toda su vida, su infancia la vive en una atmósfera de piedad y de fervor cristiano que propicia su vocación religiosa. Después de haber terminado brillantemente la carrera de Farmacia en la Universidad de Granada y los estudios de Magisterio, en 1942 comienza a ejercer en las Alpujarras. Luego pasaría a Santander, donde dejaría buenos amigos.

En sus años de estudiante, trabaja en su parroquia granadina con jóvenes de Acción Católica. Entre ellos destacaba Alejandro Balló, que posteriormente se haría salesiano. En el año 1948, Luis decide hacerse salesiano y en San José del Valle, el 16 de agosto de 1950, culmina su año de noviciado con la primera profesión, como salesiano coadjutor.

Los informes del párroco, solicitados al hacer don Luis la petición de ingreso al noviciado, hablan de sencillez de trato, humildad notoria, inteligencia sobresaliente, buen carácter, piedad, buena fama entre conocidos e inclinación a la enseñanza como dedicación preferida.

El trienio (1950-1953) transcurre trabajando como profesor en el filosofado de Ntra. Sra. de Consolación (Utrera). Sus alumnos, los jóvenes estudiantes salesianos de filosofía, lo recuerdan siempre como hombre entregado hasta la abnegación a su tarea en el área de las asignaturas de ciencias.

Tras pasar el curso 1953-1954 en la escuela sindical Virgen del Carmen de Puerto Real, es destinado a la Escuela-Agrícola Salesiana de Campano, donde a lo largo de 28 años consecutivos llevaría a cabo una maravillosa labor. Fue un maestro magnífico, aunque exigente, siempre dispuesto a allanar dificultades, aclarar dudas y resolver problemas. Jubilado oficialmente el 15 de junio de 1980, nunca dejaría de aportar a la diaria brega educativo-pastoral su eficacísima colaboración.

Confió y procuró dar a su labor una impronta apostólica. Ponía especial cuidado en la preparación de los Buenos días que una vez por semana dirigía a los alumnos de formación profesional.

Le dominaba la idea de reorganizar la Asociación de Antiguos Alumnos, para lo que empleó largas horas en confeccionar fichas, enviar el Boletín Salesiano, el Don Bosco en España o el almanaque de María Auxiliadora. Enfermero solícito, atendía a multitud de males y heridas con una entrega ejemplar y con una generosidad llena de amabilidad, tanto a los alumnos y el personal de Campano, como a gentes de los alrededores.

Gran devoto de María Auxiliadora y fiel a Don Bosco en la vivencia a fondo de su vocación de coadjutor, hombre de alma blanca, inocente, afable en el trato con toda clase de personas, fue un salesiano de esos que hacen historia.

En un momento de lucidez, el día anterior a su muerte, se quitó la mascarilla de oxígeno y, como si quisiera dictar su testamento, musitó al director: «Sepa que muero tranquilo, que acepto la voluntad de Dios y ofrezco mi vida por la Congregación Salesiana y las vocaciones».

De los 31 años vividos en la Congregación, 28 los pasó en la casa de Campano, donde moría el 23 de marzo de 1982, a los 71 años.