Aparicio Gil, Francisco

Francisco Aparicio Gil

Sacerdote (1909-1987)

Nacimiento: Barcelona, 6 de febrero de 1909
Profesión religiosa: Sarrià, 5 de agosto de 1927
Ordenación sacerdotal: Lyon (Francia), 15 de mayo de 1936
Defunción: Valencia, 12 de diciembre de 1987

Nació el 6 de febrero de 1909 en Barcelona, en el seno de una familia muy cristiana y numerosa, formada por sus padres, Francisco y Antonia, y 13 hermanos.

A los 12 años entró como interno en las escuelas salesianas de Barcelona-Sarrià, y a los 14 inició el aspirantado en El Campello, donde permaneció cuatro años. En Sarrià hizo el noviciado, la primera profesión el día 5 de agosto de 1927 y los estudios filosóficos. En Valencia-San Antonio y Villena, el trienio.

En Carabanchel Alto hizo los tres primeros cursos de teología y el cuarto en Lyon (Francia), donde recibió el presbiterado el 15 de mayo de 1936.

Durante la Guerra Civil, después de cruzar los Pirineos a pie, se presentó en Pamplona. Fue entonces destinado al recién fundado colegio de Azkoitia (Guipúzcoa), y después de un año en Mataró y otro en Madrid, lo encontramos en la casa de Valencia-San Antonio, la que sería su casa definitiva durante 43 años, pues aquí falleció el 12 de diciembre de 1987. Como él mismo confesó, «desde entonces siempre he vivido en esta Valencia, dichosa y fecunda, haciendo música y teatro hasta… cansarme. No tengo una vida accidentada, aparte de la guerra y las cárceles que compartí en Barcelona con don Modesto Bellido, monseñor José Pintado y con otros. A estas alturas, con un pie en el estribo, no me queda más que esperar la llamada de Nuestro Señor. La música ya está en manos de la juventud guitarrera; lo quieren así, pues… adelante. Bendigo a Dios y a María Auxiliadora, que todo lo han dispuesto para su gloria».

De los 43 últimos años vividos en Valencia, los primeros los dedicó a tareas docentes y a la música en el colegio, y los restantes exclusivamente a la parroquia.

Dos fueron sus aficiones: la cultura y la música. Fue un autodidacta puro, cultivó sobre todo su afición por la lingüística. Su conversación, salpicada de datos y referencias etimológicas, enriquecía a la comunidad. Y grande fue su amor por la música, en la que se había iniciado ya en el ambiente familiar y después en Sarrià con don Juvenal Villani. Autodidacta también en este campo, alcanzó un gran nivel como pianista. Era muy conocido y apreciado por propios y extraños, y estaba muy relacionado con el mundo musical de Valencia.

El sacramento de la confesión fue el apostolado que le ocupó hasta el final de su vida. Todas las tardes se ponía a disposición de los fieles en el confesionario de la parroquia.

Hombre bueno, sencillo, alegre y ocurrente, derrochaba buen humor y hacía agradable la convivencia comunitaria. Nos resulta muy fácil recordarlo con sus libros, su rosario y su eterna sonrisa de niño bueno, una sonrisa que don Paquito nunca perdió.

El 12 de diciembre de 1987, después de la comida con la comunidad, en la que había estado tan comunicativo como siempre, al dirigirse a su habitación, cayó desplomado a consecuencia de un derrame cerebral. A pesar de los esfuerzos del doctor Ramón Zaragoza, antiguo alumno y gran amigo suyo, falleció a los pocos minutos. Tenía 78 años de edad.