Benito Arambarri Altuna
Coadjutor (1913-2004)
Nacimiento: Azkoitia (Guipúzcoa), 15 de febrero de 1913
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1941
Defunción: Logroño, 18 de septiembre de 2004
Nació en el precioso caserío Joategi de Azkoitia. Siendo ya de cierta edad, salió de la seguridad del caserío para comenzar la aventura vocacional de su vida. Tenía 28 años cuando hizo la profesión religiosa en Mohernando. Después de la profesión continuó en el mismo Mohernando y luego pasó a Astudillo, donde fue asistente celoso de los aspirantes salesianos que allí se formaban. En 1948 fue destinado a la que iba a ser su casa, su taller y su iglesia: el colegio de San Fernando, en Madrid. Durante 32 años fue verdadero maestro del taller de zapatería y padre de chicos necesitados.
El colegio de San Fernando no fue solo lugar para su arte y su oficio, sino sobre todo su casa y su familia. Y a ella don Benito entregó su vida para estar, minuto tras minuto, durante muchos años, muchos meses y muchos veranos, siempre con aquellos niños pobres a los que no solo les enseñó un oficio para que se ganaran la vida, sino también los verdaderos secretos para vivir como personas honradas y buenos cristianos.
En 1980 fue destinado a la casa de Deusto. En ella estuvo 23 años. Fueron unos años de tranquilidad en los que ejerció los oficios y servicios que podía hacer a su edad: ocupado en la portería del colegio hasta que cumplió los 80 años, encargado de la correspondencia, cuidado de la huerta, las plantas y jardines, fiel a la oración diaria en la iglesia, los días laborables desde el coro y los domingos participando de la eucaristía con la gente.
Pasó los últimos años en la comunidad Don Zatti de Logroño, aportando allí su misma compañía y sus comentarios en los partidos de pelota que veía en la televisión, y su agradecimiento hacia las enfermeras, que le llegaron a querer.
Destacamos los principales rasgos de su personalidad:
– Sus raíces: el amor a su tierra vasca, su cultura, su idioma, sus deportes, pero sin exclusividad, abierto a otros lugares y otras culturas.
– El trabajo: el saber ingeniarse para arreglar lo que estuviera estropeado, el mirar por la casa, por sus jardines y por las cosas materiales de los distintos lugares.
– Su vocación salesiana, o más en concreto su vocación de salesiano coadjutor.
Nos dejó escrito con su ejemplo el secreto de la vida vivida en profundidad: la sincera y sencilla piedad, su fe expresada en la oración personal y comunitaria, en la eucaristía, en los ratos de sagrario a solas y en la confesión regular con un hermano sacerdote.
Se fue como él mismo decía sin querer molestar, a los 91 años.