Galo Artola Huárriz
Sacerdote (1936-2007)
Nacimiento: Pamplona, 11 de enero de 1936
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1954
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 3 de mayo de 1964
Defunción: Albacete, 26 de diciembre de 2007
Nació el 11 de enero de 1936 en Pamplona (Navarra), en el seno de una tradicional familia numerosa, formada por sus padres, Sebastián y Francisca, y seis hijos.
Siendo alumno del colegio salesiano de la ciudad, partió como aspirante a Sant Vicenç dels Horts y posteriormente a Gerona; en L’Arboç del Penedès hizo el noviciado y la profesión religiosa, el 16 de agosto de 1954. Cursó los estudios de filosofía en Sant Vicenç dels Horts y realizó el trienio práctico en Pamplona. Estudió teología en Martí-Codolar, donde recibió la ordenación sacerdotal el 3 de mayo de 1964.
La opinión de sus formadores sobre él fue unánime y repetitiva. A pesar de sus dificultades académicas y su carácter tímido y reservado, concluyen que hará un gran bien, al considerarlo como sencillo, humilde, piadoso, observante, trabajador, de muy buen espíritu, obediente y dócil.
Trabajó en Valencia-San Antonio Abad como consejero escolástico, pero el resto de su vida desempeñó labores administrativas en Burriana, Ibi, Elche-San Rafael, Villena, Alicante-Don Bosco, Alcoy-Juan XXIII y finalmente en Albacete, donde murió el 26 de diciembre de 2007, a los 71 años.
Galo fue un salesiano sencillo y humilde, fiel hasta los más pequeños detalles, austero consigo mismo y amable con los demás. Siempre sonriente. El sentido de responsabilidad y de austeridad parecía algo connatural en él, lo que sin duda movió a los superiores a encomendarle la responsabilidad de la administración, cargo que desempeñó con admirable fidelidad a lo largo de 40 años.
Llamaba la atención su austeridad en el vestir y en sus enseres personales, famoso por su costumbre de ir vestido generalmente con un sencillo niqui de manga corta, aun en lo más crudo del invierno. Tenía fama de austero, pero sin embargo —afirma uno de sus directores—, era de natural afable y muy detallista con la comunidad. Por ejemplo, en el comedor, nunca nos faltaban «les llepolíes», típicos dulces alcoyanos, para el postre de los domingos y fiestas.
En la nota enviada a las comunidades donde se informaba sobre la noticia de su fallecimiento, se decía: «En todas las comunidades en las que vivió, dejó honda huella como persona austera, trabajador incansable y amante de la vida comunitaria, siempre entregado y disponible con gran generosidad».
Se marchó de este mundo discretamente, como había vivido. Se celebró el funeral el día 28 de diciembre, en la parroquia salesiana san Pablo de Albacete, presidido por el señor obispo de Albacete, al que le acompañaron el padre inspector de Valencia y unos 80 concelebrantes. Entre los fieles presentes destacaban varios miembros de su familia procedentes Navarra, muchas personas llegadas de Alcoy y varias religiosas a las que Galo atendía como capellán. Sus restos fueron depositados en el panteón sacerdotal de la diócesis de Albacete.