García Macías, Francisco Bartolomé

Francisco Bartolomé García Macías

Coadjutor (1915-2007)

Nacimiento: Durango (Vizcaya), 24 de agosto de 1915
Profesión religiosa: San José del Valle, 19 de septiembre de 1935
Defunción: Logroño, 1 de diciembre de 2007

Don Francisco, también llamado señor Patxi, nació en Durango (Vizcaya) el 24 de agosto de 1915.

Habiendo conocido la vida de Don Bosco y sintiéndose atraído por sus mismos ideales, comenzó su formación para la vida salesiana en Montilla, continuándola en San José del Valle, Huesca, Las Palmas de Gran Canaria y Madrid-Carabanchel Alto.

Profesó en San José del Valle el día 19 de septiembre de 1935. Las casas de Málaga, Córdoba, Priego de Córdoba y Montilla, disfrutaron de su presencia y apostolado.

En 1972 pidió pasar a la inspectoría de Bilbao y fue destinado a la comunidad de Deusto. En 1974 pasó a la sede inspectorial, donde fue ecónomo de la comunidad y colaboró como ayudante de secretaría. En 1987 llegó a la casa de Pamplona, prestando su servicio como corrector de las pruebas de imprenta.

En el año 2003 ingresó en residencia Don Zatti de Logroño y en ella vivió feliz los cuatro últimos años de su vida, hasta diciembre de 2007, en que falleció serenamente a los 92 años de edad.

Convivía con los hermanos de comunidad de manera paciente, dando ejemplo de fidelidad en los momentos comunitarios y mostrándose dispuesto a realizar las pequeñas tareas que su salud le permitía llevar adelante.

Siempre mantuvo interés por la cultura y especialmente por los idiomas, de los que conservaba diccionarios y gramáticas. También se interesó por las matemáticas. Fue ordenado en su trabajo de colaboración con la secretaría inspectorial. La misma paciencia demostró en la casa de Pamplona, corrigiendo durante años las pruebas de imprenta.

Con el tiempo aumentaron sus achaques de salud. La pérdida de la visión, casi hasta la ceguera, le llevó a organizar su vida desde esta limitación. Él mismo quiso presentarse en la oficina de la ONCE, cercana a la casa de Pamplona, para que le orientaran en el nuevo sistema de vida que estaba experimentando. Aprendió el lenguaje Braille, con el cual mantuvo activa la mente y pudo seguir leyendo.

El señor Patxi fue un hombre profundamente religioso. Su fe y confianza en Dios eran ilimitadas y su caridad para con los hermanos era delicada, fina y elegante. Nos queda el ejemplo de su vida de oración sincera, de su confesión regular cada 15 días, de su amor a la eucaristía y devoción a María Auxiliadora, a la que dedicaba su rosario como un verdadero hijo.