Pablo Azcona Urra
Sacerdote (1918-1993)
Nacimiento: Galdeano (Navarra), 3 de junio de 1918
Profesión religiosa: Chieri-La Moglia (Italia), 12 de septiembre de 1934
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 15 de junio de 1946
Defunción: Martí-Codolar, 5 de septiembre de 1993
Nació en Galdeano (Navarra) el 3 de junio de 1918, en el seno de una familia tradicionalmente cristiana y con ocho hijos, de los que Pablo era el séptimo. Ingresó como aspirante salesiano en el colegio de Astudillo, semillero de misioneros salesianos.
Hizo el noviciado en Chieri-La Moglia (Italia), donde profesó el 12 de septiembre de 1934, año de la canonización de Don Bosco. Cursó filosofía en Foglizzo (Italia) y en la Universidad Gregoriana de Roma, donde se licenció en Filosofía. Durante la Guerra Civil española, sirvió como militar sanitario atendiendo a los heridos de guerra en Burgos, Zumaya (Guipúzcoa) y San Sebastián. Hizo el trienio de magisterio práctico en Pamplona (1939-1942) y la profesión perpetua el 18 de agosto de 1942.
Realizó los estudios de teología en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote el 15 de junio de 1946. En 1946 trabajó en las escuelas de Barcelona-Rocafort. Fue destinado después al teologado de Martí-Codolar como administrador y profesor de Derecho Canónico, y desde 1952 a 1955 a Sant Vicenç dels Horts como profesor de Filosofía y encargado de las escuelitas. Al curso siguiente marchó como profesor y catequista de los filósofos en el estudiantado de Consolación de Utrera. Regresó a Sant Vicenç durante un año, de donde vuelve a Rocafort como catequista. El sexenio 1963-1969 es destinado como director a los Hogares Mundet, al que le siguió un año en la residencia Fábregas con los exalumnos de dichos Hogares.
Vuelve a Rocafort como administrador, encargado de los antiguos alumnos y de la colonia escolar de Castellnou de Bages (Barcelona). Al fallecer don Pedro Escursell, le sustituye en el secretariado de vocaciones salesianas y misioneras.
Don Pablo era fuerte, generoso, de fe profunda y convencida, impetuoso, todo corazón, un sacerdote auténticamente apostólico. En los tiempos difíciles se privaba de la propia comida y la entregaba a los niños pobres. Don Ramón Alberdi lo define así: «Era la imagen clásica y mítica de un don Pablo trabajador, batallador, de apostolado desbordante. Don Pablo fue un gran misionero, pero por caminos muy distintos a los que soñó cuando llegó a Astudillo».
La diabetes le condujo a la amputación de los dos pies, situación extremadamente dolorosa que llevó con admirable paciencia hasta su muerte, acaecida en la residencia Nuestra Señora de la Merced de Martí-Codolar, el 5 de septiembre de 1993, a los 75 años de edad.
En la escuela de su enfermedad quedaron acrisolados todos sus amores: su tierra, su familia, sus amigos, sus antiguos alumnos, sus hermanos salesianos, Don Bosco y María Auxiliadora.