Ciordia Orduña, Francisco Javier

Francisco Javier Ciordia Orduña

Coadjutor (1930-2006)

Nacimiento: Peralta (Navarra), 3 de diciembre de 1930
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1951
Defunción: Pamplona, 6 de marzo de 2006

Javier nació en Peralta, pueblo de la Ribera de Navarra. Quiso ser salesiano al oír hablar de María Auxiliadora a algunos aspirantes de su pueblo que estudiaban entonces en Sant Vicenç dels Horts. A los 15 años comenzó un tiempo de aspirantado en la casa de Pamplona y a los 20, el 16 de agosto de 1951, veía cumplida su ilusión de ser salesiano coadjutor.

En Barcelona-Sarrià se vivía entonces una época de entusiasmo y de generosidad misionera. Varios jóvenes salesianos se ofrecieron para marchar a América, entre ellos, Javier que, con sus 25 años, fue destinado a los Talleres Don Bosco, en Montevideo (Uruguay).

Después de 20 años en aquel país, que quedaron siempre en su recuerdo y oración, en 1975 pasó a la inspectoría de San Francisco Javier con sede en Bilbao, destinado al aspirantado de Zuazo de Cuartango, como auxiliar en la administración y profesor de dibujo artístico. Una vez más su servicialidad y su trabajo constante fueron el ejemplo para aquellos aspirantes, que se fijaban y convivían con él con confianza y estilo de familia. De Zuazo de Cuartango pasó al colegio y aspirantado de Logroño-Santo Domingo Savio.

En 1979 fue destinado a la casa de Pamplona. El taller de artes gráficas fue el lugar natural para desarrollar su misión, donde ayudó a muchos jóvenes aprendices a abrirse camino por la vida ejerciendo los oficios relacionados con la imprenta, la imagen, el color, la composición de textos.

Cuando se retiró de la enseñanza, entendió que podía seguir haciendo algo por los demás. Y pasó a estar disponible con la furgoneta, recoger y distribuir el correo, atender la portería y el teléfono durante un tiempo por las tardes, preparar las carteleras del patio, recordando los 24, las campañas, atender a las plantas distribuidas por la casa, haciéndose presente en los recreos, preparar algún detalle del comedor, seguir el deporte y pasear rezando el rosario en los patios del colegio por los enfermos, la familia, las misiones, las vocaciones.. En definitiva, procuró ser un coadjutor salesiano servicial, sencillo y lleno de espíritu de fe.

Tras remontar con esfuerzo un grave contratiempo de salud, manifestaba que, cuando vivía y tenía un día por delante, daba gracias a Dios. «Doy gracias por haber sido llamado por Dios para servirle más de cerca en la Congregación Salesiana, en la que me siento muy a gusto», decía.

Vivió su vida y su vocación con espíritu de fe y oración, especialmente con la eucaristía y el rezo diario del rosario, con admiración y cariño a Don Bosco y a las misiones.

Falleció en Pamplona, el día 6 de marzo de 2006, a los 75 años de edad.