Luis Valpuesta Cortés
Sacerdote (1922-2006)
Nacimiento: Sevilla, 22 de febrero de 1922
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Madrid, 29 de junio de 1950
Defunción: Sevilla, 13 de abril de 2006
Nació el 22 de febrero de 1922 en Sevilla. Fueron 14 hermanos. Su padre, Victoriano, murió joven y su madre, María de la Paz, tuvo que sacar adelante a sus hijos con fortaleza y ternura. Les inculcó el trabajo bien hecho y supo darles una sana educación.
Luis entró en el internado del colegio salesiano de El Carmen de Utrera. Allí pasó siete años de su vida, al final de los cuales ingresó en el noviciado de San José del Valle y profesó el 16 de agosto de 1942. El tirocinio práctico (1943-1946), lo realizó en la casa de San José del Valle como asistente de los novicios, en Ronda como profesor y asistente de internos y en Utrera con los estudiantes de filosofía. Los estudios de teología los cursó en Carabanchel Alto (1946-1950) y se ordenó el 29 de junio de 1950.
Ya ordenado, vuelve a Utrera con los estudiantes, donde pasa seis años como catequista y administrador. Ya entonces demuestra su afición por el apostolado de la prensa, creando una pequeña revista titulada La hojita de Consolación. Funda también la revista Llamada, para los jóvenes salesianos como medio de formación y espiritualidad. Colabora en la creación de la hermandad «Los Muchachos de Consolación» con los niños del oratorio.
Como director en Écija y Alcalá de Guaíra, se ganó el cariño y la admiración de todos. Después se desplazó a Madrid, donde estuvo 13 años como consiliario nacional de los antiguos alumnos. En ese servicio realizó una hermosa tarea. Fue director de la revista Don Bosco en España, que alcanzó una tirada de 20.000 ejemplares mensuales. Después volvió a la inspectoría de Sevilla como consiliario regional. De esta manera entregó buena parte de su vida a la animación y el acompañamiento de los antiguos alumnos.
Compaginando con los servicios anteriores, estuvo casi 30 de años como director espiritual de los universitarios del colegio mayor, creando siempre cercanía y ambiente familiar.
Al acabar los ejercicios espirituales que en abril de 2006 había predicado en Sanlúcar la Mayor, pidió que lo llevaran a confesar a la vecina casa de las salesianas. Al sentirse mal, lo trasladaron a la clínica Santa Isabel de Sevilla. Allí falleció el jueves santo, 13 de abril de 2006. En su funeral la basílica estaba repleta de personas venidas de todas partes, presidido por don Antonio Montero, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz con el que le unía una gran amistad.
Don Luis fue un director espiritual sabio, comprensivo y alentador. Con un gracejo peculiar en el trato directo, siempre de buen humor, demostraba al mismo tiempo elegancia humana, exquisita delicadeza y finura de espíritu. Nunca un mal gesto, siempre bondadoso, paciente y pacífico, libre y respetuoso, buscador en todo momento de la verdad. Su prudencia lo llevaba a escuchar más que a hablar.
«Las verdades se ofrecen, no se imponen». Demostró una gran empatía hacia los jóvenes. Fue un apreciado confesor y sacerdote coherente e íntegro. Gran divulgador y difusor de la buena prensa, dejó una amplia herencia de su buen hacer (sus «hojitas» y sus publicaciones), una estela seguida por sus queridos y admirados antiguos alumnos.