Lizarralde Uría, José María

José María Lizarralde Uría

Coadjutor (1911-1989)

Nacimiento: Azkoitia, 9 de abril de 1911
Profesión religiosa: Mohernando, 12 de octubre de 1931
Defunción: Urnieta, 14 de febrero de 1989

El señor Liza, como familiarmente era conocido, nació en Azkoitia (Guipúzcoa). Desde su infancia tuvo que vivir momentos difíciles: José y sus cinco hermanos se quedaron huérfanos muy pronto y su hermana Dolores, con solo 19 años, tuvo que hacerse cargo de la familia.

Don José Puertas, salesiano azkoitiarra, a instancias de su hermana Dolores, colocó a José en el colegio salesiano de Madrid-Atocha como ayudante de cocina. Allí nació su vocación. En 1926 inició el aspirantado en Madrid-Paseo de Extremadura. El señor Patxi Echevarría fue su maestro cocinero. Profesó en Mohernando el 12 de octubre de 1931. Se ocupó de las faenas agrícolas de la casa y posteriormente lo hará también en las comunidades de La Coruña y Carabanchel.

El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en Mohernando y sufrió la odisea de los salesianos que estaban de ejercicios en esa casa. Internado en la cárcel, ejerció de cocinero de la enfermería y del comedor de oficiales, lo que le permitió tener al corriente de los sucesos a los demás salesianos encarcelados. Una vez liberado, fue destinado de nuevo al colegio madrileño del Paseo de Extremadura. Allí estuvo hasta 1960. Fue su época dorada.

En 1960, al inaugurarse en Errenteria (Guipúzcoa) la Ciudad Laboral Don Bosco, fue destinado allí de cocinero y allí permaneció hasta su cierre como casa salesiana en 1977. Su cocina era lugar obligado de tertulia y de comentarios deportivos. Permanecía en el patio siempre que su trabajo se lo permitía. La ventana de la cocina era el mirador que le posibilitaba vivir todo lo que sucedía en los campos de juego. Las colonias de verano que la Ciudad Laboral Don Bosco preparaba en Vinuesa (Soria), tuvieron en él una pieza clave para su funcionamiento. Después de Errenteria, el señor Liza fue destinado a la casa inspectorial (Deusto-Bilbao).

Los años no habían pasado en balde y por entonces comenzó a notarse en él un notable deterioro físico, a pesar de lo cual continuó atendiendo a todos los salesianos de la casa y a cuantos pasaban por ella. En 1982 los médicos le aconsejaron que dejara la cocina y entonces fue enviado a Urnieta, donde permaneció hasta su muerte, ocurrida el día 14 de febrero de 1989, a los 77 años de edad.

En la persona del señor Liza se conjugaba un carácter abierto y fuerte con un corazón de oro. Ante una misa solemne, ante unas Buenas noches sobre Don Bosco o María Auxiliadora, ante las narraciones de un misionero, ante un gesto de cariño hacia su persona…, se conmovía fácilmente hasta ponérsele los ojos tiernos.

Desde su puesto de cocinero mostró una gran preocupación por mantener contentos a los salesianos y a los chicos. Se mostraba hondamente agradecido cuando recibía una muestra de cariño o se interesaban por él.

Hablar del espíritu religioso del señor Liza conlleva referirnos a su vocación salesiana, de la que se sentía orgulloso y alegre ante los muchachos. Detrás del amor a su propia vocación había un corazón profundamente religioso. Era un hombre de una fe muy simple, casi infantil, pero de una reciedumbre a toda prueba. El rosario diario, la misa sin falta y el Joven Instruido sobado y resobado con el que todos los días rezaba sus oraciones desde su habitación… nos hablan de esa su fe sencilla, pero profunda.