Luis Cutillas García
Sacerdote (1894-1989)
Nacimiento: Barcelona-Sants, 5 de noviembre de 1894
Profesión religiosa: Sarrià, 24 de diciembre de 1910
Ordenación sacerdotal: Madrid, 20 de septiembre de 1924
Defunción: Martí-Codolar, 21 de febrero de 1989
Nació el 5 de noviembre de 1894 en el barrio barcelonés de Sants; era el último de ocho hermanos. Su padre trabajaba de portero de una fábrica; a los 7 años ingresó como alumno en nuestro colegio de Rocafort. A los 10, entusiasmado por Don Bosco y las misiones, decidió marcharse con su maestro, el santo de don Antonio Aime, a cuidar leprosos en Colombia.
Hizo el noviciado en Sarrià y la primera profesión el 24 de diciembre de 1910. Después, alternando estudios y trabajos, como se hacía entonces, estuvo en Rocafort (1910-1912), Ciutadella (1912-1915), El Campello (1915-1917) y Villena (1917-1920). Fue ordenado sacerdote en Madrid el 20 de septiembre de 1924.
Trabajó también en La Coruña (1926), Carabanchel Alto, Salamanca, Madrid-Estrecho, Barakaldo, Béjar, Santander, Vigo, Rocafort, Zaragoza, Pamplona y Sarrià (1954-1989). Murió en la Residencia Nuestra Señora de la Merced, Barcelona-Martí-Codolar, el 21 de febrero de 1989, a los 91 años.
En todas partes alternó los cargos de consejero y de catequista, un año de prefecto en Santander y confesor desde 1952. En todos los colegios su presencia fue del mismo estilo sencillo y abierto. Era un hombre original, divertido unas veces y pendenciero otras, seguidor fanático del Barça C. F. Todos los salesianos que convivieron con él le recuerdan con simpatía.
Don Luis siempre llevó consigo el estilo oratoriano; ello le hacía comunicativo, vivo, perspicaz y rico en pequeñas astucias. Entusiasta de la música, dio clase de canto, dirigió rondallas, orquestó zarzuelas y editó cancioneros.
La última de sus empresas fue recaudar para las misiones, incordiando a unos, sableando a otros y agradeciendo a todos su ayuda; sus hojitas misioneras, simpáticas y puntuales, fueron apareciendo desde 1968 hasta 1986.
En sus años de ancianidad fue modelo de constancia en la oración; cada día rezaba el rosario en la capilla del Santísimo. Era muy devoto de la Virgen: con letra muy cuidada, redactó en un papel la oración y consagración a María Auxiliadora. Y quería que se la colocasen sobre el pecho en el ataúd: «para que esta sea la última profesión de mi esclavitud a María Auxiliadora, a la que quiero amar hasta el fin de mi vida».