Antonio Díez del Pozo
Sacerdote (1925-2014)
Nacimiento: Valdeavero (Madrid), 28 de diciembre de 1925
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1946
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 26 de junio de 1955
Defunción: Cochabamaba (Bolivia), 23 de septiembre de 2014
Antonio nació en el pueblo madrileño de Valdeavero en el seno de una familia muy tradicional. Sus padres eran Víctor y Emérita, que lo educaron en una disciplina exigente y en un trabajo asiduo y responsable.
Se formó en varias escuelas nacionales hasta que finalmente entró en el colegio salesiano de Estrecho. De allí, en 1941, pasó al aspirantado de Mohernando. Realizó también el noviciado en el curso 1945-1946, terminando con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1946. Sin moverse de Mohernando, hizo los cursos de filosofía y realizó su trienio práctico como asistente de novicios.
Cumplidor, austero y activo, trató de formar a los novicios con esas mismas exigencias, pareciendo a veces algo duro, en contraste con el padre maestro, don José Arce, todo bondad y tolerancia. Al finalizar el trienio, fue enviado a estudiar teología a la facultad de la Crocetta (Turín). Le costó adaptarse a una nueva mentalidad. Cayó enfermo y tuvo que volver a España para terminar teología en Carabanchel Alto.
Fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955. Ejerció su apostolado sacerdotal como catequista y como ecónomo en Deusto, hasta 1961. Ese año pasó a ser prefecto de la Institución Sindical Virgen de la Paloma de Madrid y luego del colegio de Huérfanos de Ferroviarios también de Madrid, donde ocupó el cargo de director.
En 1966 fue nombrado director de los coadjutores de San Fernando y a continuación del aspirantado de Arévalo. De ahí pasó a ser maestro de novicios en Astudillo (1969-1973) y en Mohernando (1973-1978). En 1978 fue destinado como administrador de Carabanchel Alto.
Marchó después a Bolivia y en Cochabamba desplegó una extraordinaria actividad como sacerdote comprometido en favor de los más pobres de aquella ciudad. Construyó estructuras educativas —escuelas, talleres, iglesias…—, que le atrajeron la simpatía y al agradecimiento de aquellas gentes.
Tuvo que venir a España por enfermedad, pero apenas pudo, regresó a Cochabamba, donde finalmente murió el 23 de septiembre de 2014.
Nos dejó el recuerdo de un hombre de profunda espiritualidad, trabajador hasta la extenuación, firme en sus convicciones, siempre coherente. Lo que exigía a los demás lo cumplía él de manera ejemplar. Amable y servicial con todos. Fue formador de muchos salesianos en la inspectoría de Madrid.