José María Galofré i Vilagut
Sacerdote (1931-2019)
Nacimiento: Hospitalet de Llobregat (Barcelona), 15 de junio de 1931
Profesión religiosa: Arbós del Penedés (Tarragona), 1 de octubre de 1950
Ordenación sacerdotal: Turín, 1 de julio de 1958
Defunción: Barceona Martí-Codolar, 6 de octubre de 2019
Josep María Galofré i Vilagut era natural de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) donde nació el 15 de junio de 1931.
Inició el aspirantado en Arbós del Penedés (Tarragona) donde realizó su primera profesión el 1 de octubre de 1950. Entre 1950 y 1952 realizó estudios de filosofía en Girona. El bienio práctico lo realizó en Valencia San Antonio Abad (1952-1954). Su profesión perpetua fue en Turín el 31 de enero de 1955 donde también estudió teología (1954-1958), siendo ordenado presbítero el 1 de julio de 1958 en la Basílica de María Auxiliadora.
A partir de este momento, su vida como salesiano transcurre en Sevilla-Universidad Laboral (1958-1959), Reus (1959-1967), Sabadell (1967), Sentmenat (1969-1975) donde fue Padre Maestro (1974-75) y también posteriormente en Terrassa (1975-79). Estuvo en Mataró (1977-79), Terrassa (1979-81), Sarrià (1981-1993), Don Bosco Navas (1993-2016) y en Martí Codolar donde se ha encontrado para siempre con el Padre.
Murió el domingo 6 de octubre de 2019 a los 88 años de edad y 69 de salesiano y 61 de sacerdote.
Excepcionalmente y tratándose de una persona tan conocida y de tanto humor, manifestado en numerosas páginas de sus escritos, reproducimos la imaginaria “carta mortuoria” de su director para anunciar su muerte. Está escrita en la clave festiva que probablemente le hubiera gustado al mismo Galofré, y por eso la reproducimos aquí
Queridos hermanos: Con la más profunda alegría os comunico finalmente la muerte de nuestro hermano salesiano Josep Mª Galofré i Vilagut, muerto en olor (no quiero especificar qué clase de olor), a los 94 años de edad, 65 de sacerdocio y 77 de profesión religiosa. Si es triste comunicar la partida de un Hermano, no lo es en cambio cuando se trata de anunciar, finalmente, el mediocre traspaso de un religioso tan aproximado como fue Galofré. “Explevit tempora multa” es decir, vivió poco, pero se espabiló mucho… Entre en el gozo de su Señor. “Galo” —como le llamaban sus compañeros de colegio— había visto la luz, el gas, el sol, la electricidad y la televisión en blanco y negro en el seno de una familia profundamente cristiana, donde las prácticas de piedad y el “Full dominical”, formaban el pan y la sopa de cada día. Ya desde su más tierna edad demostró D. José Mª Galofré lo que iba a ser el día de mañana. En efecto: estando todavía en la mal llamada edad de la lactancia, Galofré no quiso tomar nunca el pecho materno los viernes de Cuaresma. Y en Semana Santa no quería ni chupete ni “culito seco”: un prodigio de precocidad religiosa. “Galo”, por tanto, fue precoz en la piedad. A los 12 años ya hacía solo la señal de la santa Cruz, ante la mirada extasiada de sus padres que se preguntaban qué tendría preparada la Providencia para un niño tan adelantado en el Catecismo de S. Pío V… Y a los 16 años, en plena adolescencia, recitó por primera vez, solito, sin apuntador, el Padre Nuestro, ante la natural admiración de parientes y conocidos llegados de provincias, ante esa eclosión de fervor litúrgico. Nada de extraño, por tanto, que esa sincera piedad juvenil desembocara en la vocación salesiana. En efecto, la vigilia de Navidad del Año Santo 1950, “Galo” le dijo a la autora de sus días, o séase, su madre: “Mamá, no quiero trabajar; quiero ser salesiano”. Y su madre, llorando de la más pura emoción le contestó: “Hijo, has salido a tu padre”. Y fue salesiano. Pero sólo Dios sabe la resistencia que tuvo que vencer por parte de los mismos superiores de la Congregación Salesiana que veían lo que les venía encima. Cuando “Galo” comunicó su intención de ser salesiano al Director del colegio —D. Ricardo Nácher—, éste no cayó de espaldas porque estaba sentado, pero todavía tuvo la fuerza necesaria para decirle: “Pero Galofré, con tantas congregaciones e institutos religiosos como hay, ¿por qué nos escoges precisamente a nosotros…?” Pero D. José Mª Galofré demostró ya entonces esa fuerza de voluntad nada común que sería el distintivo y común denominador de toda su precaria vida. Y fue salesiano. Y fue sacerdote. Y fue vicario —la secreta ilusión de toda su vida. Seguir el “curriculum vitae” de este dinámico hijo de San Juan Bosco sería prolijo y escapa a las limitadas posibilidades de una carta mortuoria. Bástenos conocer el lema de su vida durante esos años de extraordinaria inoperancia: “Ama nesciri e pro nihilo reputari”: “Ama el ser desconocido y pasar desapercibido”. Y ¡rediez si lo logró, el tío! A los 94 años, nada hacía presagiar un final tan inmediato. Pero el Señor se nos lo llevó cuando menos lo necesitábamos, en pleno uso de sus facultades físicas y mentales, cuando menos cabía esperar de sus dotes de mente y corazón. Y es que, entre tanto, la enfermedad que no perdona, la vejez, iba minando su robusta fibra. Él presentía su fin. En efecto: el mismo día que celebrábamos sus Bodas de Diamante Sacerdotales, dijo D. José Mª a un grupo de amigos íntimos: “No llegaré a los 120”. Y fue profeta. Un ataque de vejez galopante nos lo arrebató de improviso. Fue el 24 de mayo pasado, fiesta de María Auxiliadora. Al notar, por la mañana, que no bajaba al rezo de Laudes, un hermano fue a llamar a su cuarto. D. José Mª no contestó (como de costumbre). Abrimos la puerta. Galofré estaba yerto, en la cama, con la sonrisa en los labios. Entrelazado entre sus dedos, el despertador, el cilicio de toda su vida. Había muerto, como buen salesiano, “en la brecha” (así llamaba Galofré a la cama: “la brecha”) Que el Señor nos mande pocos salesianos como Galofré. El vacío que ha dejado presto será rellenado satisfactoriamente por cualquier hermano. Rezad por esta comunidad, tan gratamente probada, y por quien se profesa vuestro amigo y hermano en D. Bosco D. Miguel Armengol, Director del Colegio de Mataró.