Vicente Genestar Capellín
Sacerdote (1873-1939)
Nacimiento: Orihuela (Alicante), 20 de octubre de 1873
Profesión religiosa: 1900
Ordenación sacerdotal: 1907
Defunción: Valera (Argentina), 21 de noviembre de 1939
Natural de Orihuela (Alicante), nació el 20 de octubre de 1873. Profesó como salesiano en 1900 y fue ordenado sacerdote en 1907. Comenzó trabajando con verdadera dedicación en las casas de Valencia, Barcelona y Utrera. En 1925 marchó a Venezuela. Estuvo en las casas de Caracas, Valencia, Táriba y finalmente en la casa de Valera.
«Que te guste no ser conocido y ser tenido por nada»: fue el programa de vida desarrollado por el padre Genestar (o padre «Bienestar», como solía llamarlo don Rinaldi). Era para él motivo de alegría ser pospuesto a todos, tener poca ropa y remendada, tener la habitación más incómoda, ser considerado siempre el último, el olvidado. Amaba con amor heroico la pobreza, sabía poner buena cara cuando faltaba lo necesario, recogía los útiles y objetos que otros consideraban inservibles, remendaba él mismo la ropa, era el ojo vigilante y amoroso que llegaba a todo.
Poseía una memoria de hierro, repetía cantos, adivinanzas y poesías, con las que intervenía en las fiestas. Trabajaba incesantemente en el oratorio festivo, considerado por él como la célula madre de la Congregación. Incansable también en el confesionario. A pesar de su salud delicada y de la distancia de su cuarto a la capilla, atendía asidua y generosamente a cuantos le pedían su consejo en el sacramento del perdón.
Estaba dotado de una constitución robusta. Sin embargo, el médico le descubrió una insuficiencia cardíaca, que tendía a manifestarse en forma pronunciada; no por eso se eximió de sus responsabilidades más graves de sacerdote, religioso y educador. Pero su temple se resentía de tanto en tanto y debilitaba sus energías y su habitual dinamismo. En la primera semana de noviembre de 1939, quedó tan postrado, que tuvo que ser llevado al Hospital de Valera. Al salir de la casa dijo con acostumbrada jovialidad: «El hospital queda más cerca del cementerio». El tiempo que duró en el hospital fue un calvario: mejoraba y volvía a recaer. El día 19 celebró con esfuerzo la santa misa. El 21, fiesta de la presentación de la Virgen, a la 1.30 de la mañana, terminaba serenamente su calvario, amorosamente asistido por las hermanas del hospital, confortado por los sacramentos, acompañado por las oraciones y novenas de los jóvenes del colegio.