Gregorio Velasco de la Fuente
Sacerdote (1907-1940)
Nacimiento: Rábano (Valladolid), 7 de mayo de 1907
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 23 de julio de 1925
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 15 de junio de 1935
Defunción: Vigo, 22 de febrero de 1940
Nació en Rábano, pueblecito de la provincia de Valladolid. En el ambiente de una familia muy piadosa brotó su vocación salesiana.
Después de cuatro años de aspirantado en El Campello (Alicante), marchó a Carabanchel Alto, donde hizo el noviciado, filosofía y trienio. Quienes lo conocieron a fondo y lo trataron durante los años de estudiante y de trienal, dicen que fue un trabajador incansable.
Ya en el trienio práctico su salud le ocasionó serios problemas. Tuvo que estudiar teología en diversos sitios: en El Campello, en el colegio de María Auxiliadora del Alta, en Santander y en el teologado de Madrid-Carabanchel Alto, donde recibe el sacramento del orden sagrado, el día 15 de junio de 1935.
En el colegio de La Coruña estrenó su apostolado sacerdotal y pastoral. Lo hizo con tanto ardor y generosidad, que su endeble salud no pudo resistir aquel ritmo de actividad y tuvo que ceder, dejando constancia de su buen hacer con los antiguos alumnos, que aún recuerdan con agradecimiento y cariño cuanto por ellos hizo don Gregorio Velasco.
Después de algún tiempo de reposo absoluto, en la creencia de que el mal había remitido, lo destinaron a la parroquia-colegio del Sagrado Corazón del barrio del Arenal, en Vigo, como maestro y organista. Pero, pasados tan solo dos meses en esas actividades, se vio obligado a abandonar toda actividad y a comenzar su preparación a la muerte, que no tardó en llegar, en el colegio de San Matías, adonde había sido trasladado, en vistas de su gravedad.
De carácter vivaz, era para él una grande y verdadera contrariedad no poder ayudar a los hermanos en las clases, en el oratorio festivo y sobre todo en los ensayos de canto general, para lo que estaba muy bien preparado. En las prácticas de piedad era exactísimo y, no pudiendo hacerlas con la comunidad, las hacía en su habitación, con una exactitud escrupulosa; cuando sus achaques se lo permitían, celebraba la santa misa en su habitación, y cuando no podía, recibía devotamente la comunión.
Pocos días antes de su muerte, postrado ya en cama y casi sin poder articular palabra, le dijo al señor director: «No deseo más que hacer la voluntad de Dios». Se le administraron los últimos sacramentos con gran solemnidad. Las últimas noches las pasó entre constantes jaculatorias y el pequeño crucifijo entre sus manos, hasta que la muerte se lo arrebató el día 22 de febrero de 1940, a los 32 años de edad.