González Conde, Arturo

Arturo González Conde

Sacerdote (1906-1977)

Nacimiento: Allariz (Orense), 7 de enero de 1906
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 16 de agosto de 1922
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 30 de mayo de 1931
Defunción: Orense, 13 de abril de 1977

Nació en la villa de Allariz el día 7 de enero de 1906, en el seno de una numerosa y cristiana familia, el menor de 15 hermanos. A los 11 años decide ir al seminario de Carabanchel Alto y, desde allí, al de El Campello. Vuelve a Carabanchel para hacer el noviciado en 1921, que termina con la profesión, el día 16 de agosto de 1922. A continuación, en la misma casa, hace los cursos de filosofía, y en Santander, el trienio práctico.

Vuelve a Carabanchel a estudiar teología, en los cursos 1927-1931. Desempeña el servicio de catequista en las casas de Carabanchel, Madrid-Paseo de Extremadura y Ronda de Atocha. Le sorprende la Guerra Civil en el colegio de Barakaldo. Terminada la guerra, forma parte de las comunidades de Deusto, Barakaldo, del Colegio-Hogar de San Roque de Vigo, Zamora y La Coruña, y su última obediencia lo lleva a la casa de Orense (1967-1977), donde fallece.

Llevó una vida movida, emprendedora e itinerante y destacó en diversas facetas. Se ejercitó en el apostolado de la pluma: durante su estancia en Zamora, escribía asiduamente en una sección de la prensa local en la que exponía su espíritu sensible al arte, a la cultura y a los valores trascendentales.

Fue también un predicador incansable, utilizando el ministerio de la palabra como un medio de acercamiento de las almas a Dios a través de triduos, novenas, ejercicios espirituales, etc. Siempre que hubiera que hablar de la Santísima Virgen, se prestaba a hacerlo pronta y generosamente.

Fue un apóstol de la confesión, sobre todo a partir del año 1952, cuando tuvo este específico encargo por disposición de los superiores. Muchos religiosos y religiosas de las ciudades donde estuviera lo tenían como director espiritual; era también confesor de los seminarios de la diócesis y de varias comunidades religiosas.

Durante el tiempo que permaneció en Orense, paseaba frecuentemente por las calles de la ciudad y siempre dirigía el saludo y la palabra a cuantos se cruzaban con él, sobre todo, a los ancianos y niños, de modo que la figura de don Arturo llegó a ser tan popular que no podía pasar inadvertido.

Tenía una tierna devoción a la Virgen, siempre se le veía con el rosario en sus manos; pero donde demostraba su entusiasmo y amor por la Virgen era en la tradicional novena popular de la Virgen de los Remedios en su ermita próxima al colegio, de gran arraigo en Orense.

Destacaban sobre todo su gran corazón y su don de gentes, su sentido del humor, su sonrisa a flor de labios, su amor franciscano a los animalitos, sus chistes chispeantes y sus bromas divertidas, sobre todo con los alumnos y con los flautillas, como solía llamar a los jóvenes salesianos de la casa. Con todo esto creaba un clima de alegría y de confianza que contribuía poderosamente a la vida en familia y a la amistad.

Venía padeciendo del corazón desde hacía años, pero él nunca le dio mayor importancia. Un esfuerzo superior al normal, subiendo las escaleras del domicilio de sus familiares, fue suficiente para que dejara de latir ese corazón ya cansado. Su repentino fallecimiento sembró de consternación a los salesianos y alumnos, que lo habían visto pocas horas antes, en plena facultad de trabajo y simpatía. Era el día 13 de abril de 1977 y tenía 71 años de edad.