Hernández Farelo, José María

José María Hernández Farelo

Sacerdote (1930-2009)

Nacimiento: Pola de Laviana (Asturias), 8 de diciembre de 1930
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1948
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 22 de junio de 1958
Defunción: León, 8 de septiembre de 2009

Nació en Pola de Laviana el 8 de diciembre de 1930. Fueron sus padres Andrés Hernández, natural de Yeltes (Salamanca) y director de una sucursal de banco, y Edelmira Farelo, natural de Vitoria-Gasteiz.

Realizó sus primeros estudios en la escuela del pueblo. El 27 de septiembre de 1943 marchó al seminario salesiano de Astudillo. Ingresó en el noviciado de Mohernando el 5 de agosto de 1947 y allí hizo su primera profesión religiosa el 16 de agosto de 1948. Pasó seguidamente a hacer sus estudios de filosofía en Madrid-San Fernando y en 1954 fue enviado a hacer el tirocinio práctico al colegio de Orense. Estudió teología en Carabanchel Alto, donde el 22 de junio de 1958 fue ordenado sacerdote.

Siguió estudiando e hizo la carrera de Filología Hispánica. Trabajó como jefe de estudios, asistente y profesor en las universidades laborales de Sevilla y Zamora. En 1982 fue enviado a Avilés como jefe de estudios, donde pasó los últimos 30 años de vida. Además de las tareas escolares, se ocupó de otros menesteres: bibliotecario, director de la revista Jarca, delegado del Club Deportivo Bosco, etc.

Farelo tenía una personalidad muy especial: se comunicaba tal cual era y precisamente por ello destacaba entre los demás. Era tolerante, aunque fue también muy crítico, porque sabía leer muy hondo en la realidad de cada uno. Predominaba en él el respeto y el afecto hacia todos. Parecía como si su postura natural fuese la de veneración ante cualquiera que estuviese junto a él. Su silencio traslucía siempre cariño y discreción. Y su palabra era siempre de aliento, de aprecio y de afecto.

Tuvo siempre dificultad en aceptar cargos de gobierno, probablemente por el temor a no saber anteponer el respeto a la exigencia. Destacaba también en él el sentido del humor.

Nunca gozó de muy buena salud. Su última enfermedad fue rápida y dolorosa. En 2007 fue repetidamente operado de un tumor maligno en la pierna derecha, pero pudo reincorporarse a la vida normal. Un año más tarde sonó la voz de alarma de que el mal no había sido superado. Efectivamente, se le diagnosticó metástasis de melanoma. Los dolores fueron cada vez más prolongados y duros y el declive físico evidente.

Fue enviado a la enfermería de la casa de León, donde falleció el 8 de septiembre de 2009, a los 78 años de edad. El dolor asumido con entereza y espíritu cristiano fue su última lección.

Sus restos fueron trasladados a Avilés, donde se le tributaron unos concurridos, sentidos y solemnes funerales.