José María Ibáñez Díez
Sacerdote (1932-2008)
Nacimiento: Ubierna (Burgos), 13 de noviembre de 1932
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1950
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1959
Defunción: Arévalo, 26 de septiembre de 2008
Nació en el pueblo burgalés de Ubierna, un pueblo de rica tradición salesiana. De él han salidos buenas y santas vocaciones, entre ellas las del beato Enrique Saiz. Después de hacer los primeros estudios en la escuela nacional del pueblo, hizo un año de aspirantado en Santander, otro en Astudillo y dos en Arévalo.
Entró en el noviciado de Mohernando en el año 1949 y al final profesó allí mismo el día 16 de agosto de 1950. Su curso fue dividido en dos grupos, uno quedó en Mohernando para hacer tres años de filosofía, según las nuevas disposiciones del currículum de estudios salesianos y otro marchó a San Fernando para hacer solo dos años de filosofía y permitir así que no hubiera un año en que no salieran clérigos a hacer el trienio en las casas. José María fue uno de los del grupo de San Fernando. Al terminar los dos años de estudios filosóficos fue enviado a hacer el trienio al colegio de Estrecho-Madrid, donde permaneció los tres años. Estudió teología en el teologado de Carabanchel Alto, donde fue ordenado en 1959.
Fue catequista en el seminario de coadjutores de San Fernando y prefecto en las casas de Arévalo, Guadalajara, Béjar y Pizarrales. Se licenció en teología en la UPS en el curso 1975-1976. Después pasó por las casas de Guadalajara, Aranjuez y el teologado de Madrid. Cuando la Procura de Misiones decide ampliar su radio de acción y montar una sección para regular la captación de fondos para las misiones, José María fue nombrado administrador de dicha sección, que a partir de entonces comienza a tener un desarrollo extraordinario con resultados más que satisfactorios.
De 1994 a 1999, estando en la casa del Paseo de Extremadura, atendió de manera especial a los grupos neocatecumenales.
Era un hombre piadoso, de gran sencillez, ordenado y responsable. Tenía gran sentido común, pero comenzó, siendo todavía relativamente joven, a perder poco a poco facultades hasta que el Alzheimer lo dominó por completo.
En septiembre del año 1999 fue llevado a la residencia Felipe Rinaldi de Arévalo. Daba verdadera pena verlo siempre sonriente, atento, pero totalmente ajeno, sin reconocer a quien lo estaba saludando. Falleció en Arévalo el 26 de septiembre de 2008; contaba 75 años de edad.