Infante de Cos, Rafael

Rafael Infante de Cos

Sacerdote (1911-1996)

Nacimiento: Villarrasa del Condado (Huelva), 23 de noviembre de 1911
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1929
Ordenación sacerdotal: San José del Valle, 11 de septiembre de 1938
Defunción: Alcalá de Guadaíra, 10 de junio de 1996

Nació en el pueblecito onubense de Villarrasa del Condado, en el seno de una familia profundamente cristiana con dos hijos sacerdotes (Rafael y otro diocesano en la archidiócesis de Sevilla). Siempre se sintió muy unido a su pueblo, que le dedicó una calle y le nombró hijo predilecto de la Villa y allí quiso recibir cristiana sepultura junto a sus padres y familiares.

Trasladada la familia a Sevilla, ingresa como alumno interno en los salesianos de la Trinidad. Al año siguiente marcha al aspirantado de Cádiz. En septiembre de 1928, en San José del Valle comienza el noviciado, que corona con la profesión religiosa temporal, y donde luego estudia la filosofía.

Los años de práctica salesiana los realiza en las casas de Écija y de Ronda-Santa Teresa. En 1934 inicia los estudios de teología en Carabanchel Alto y, superadas las incidencias de la Guerra Civil, los termina en San José del Valle, donde recibe la ordenación sacerdotal el 11 de septiembre de 1938.

Desempeña sus servicios salesianos y sacerdotales por las casas de Sevilla-Trinidad, Fuentes de Andalucía, Ronda-Santa Teresa, Pozoblanco, Montilla, Fuentes de Andalucía (director), Sevilla-Trinidad, de nuevo, Montilla (director), Utrera, Algeciras (párroco), Sevilla-Hogar de San Fernando y la Trinidad, aspirantado de Sanlúcar la Mayor (director) y Morón de la Frontera (director), donde realizará una gran labor silenciosa, al mismo tiempo que se encarga de promover la causa de los mártires, sus compañeros muertos en los primeros meses de la Guerra Civil.

Cansado de tanta brega, en 1967 concluye su última etapa en las casas de Utrera, Huelva, La Palma del Condado y Alcalá de Guadaíra, donde terminó serenamente sus días.

Es necesario recordar en esta breve reseña biográfica, su calvario personal en el martirio de Morón. La mañana del 19 de julio de 1936 un grupo de hombres armados se presentó en el colegio y, tras fingir el fusilamiento del director, don José Limón, del coadjutor José Blanco y de nuestro Rafael Infante, son llevados a la cárcel y después al cercano cuartel. Ante las promesas repetidas de respetar sus vidas, deciden salir con los brazos en alto y, apenas han avanzado 20 metros, son abatidos por un intenso tiroteo: morirá el director y el coadjutor José Blanco. Rafael, con perdigonadas en pierna, espalda y costado, logró fingirse muerto. Llegada la noche, un camión recoge los cadáveres y a las afueras del pueblo los arrojan para enterrarlos al día siguiente en el vecino cementerio. Tras impaciente espera, Rafael se va hacia el río Guadaíra, donde se lava y, caminando de noche y ocultándose de día, logró llegar el día 24 a la casa salesiana de Guadaíra. En su cuerpo quedaron las huellas de la perdigonada. Muchos años después, cuando volvió a Morón como director, consiguió exhumar los restos de don José Limón y don José Blanco, colocándolos en el vestíbulo de entrada de la iglesia. Jamás se le oyó un reproche contra aquellos que tanto le hicieron sufrir; supo perdonar y responder con el bien el mal recibido.

Rafael fue ante todo un hombre sencillamente bueno, querido por todos, hombre de trato exquisito, señorial, amable, cercano y servicial. Huyó hasta la exageración del protagonismo. El confesionario, la dirección espiritual, la celebración eucarística, la predicación o la catequesis fueron sus ocupaciones favoritas. Su amor a Don Bosco era profundo y serio. Su devoción a la Virgen, Auxiliadora o de los Remedios, era sentida y filial. ¡Cuánto trabajó y luchó hasta conseguir ver coronada a su Auxiliadora de Montilla!

Desde julio de 1993 hasta su muerte lo pasó en una silla de ruedas, a consecuencia de un infarto cerebral que le paralizó gran parte del cuerpo. Comenzó entonces un nuevo calvario y una nueva cruz que aceptó con admirable serenidad y conformidad a la voluntad de Dios. Murió en Alcalá de Guadaíra a los 84 años.