Íñigo de Angulo, Fabián

Fabián Íñigo de Angulo

Sacerdote (1862-1938)

Nacimiento: Burgos, 20 de enero de 1862
Profesión religiosa: Sarrià, 10 de septiembre de 1894
Ordenación sacerdotal: Vich (Barcelona), 18 de marzo de 1899
Defunción: Pamplona, 2 de marzo de 1938

Nació en Burgos el 20 de enero de 1862 de padres ejemplares por su piedad.

El 10 de noviembre de 1892 entraba en el noviciado de Sarrià, donde recibió la sotana el 3 de diciembre de 1893 de manos de monseñor Cagliero. Hizo su profesión perpetua el 10 de septiembre de 1894 y el 18 de marzo de 1899 era ordenado sacerdote en Vich (Barcelona).

Antes de entrar en nuestra casa de Sarrià, obtuvo la licenciatura en ambos derechos, el canónico y el civil, en Salamanca, el 25 de junio de 1892. Don José Luis Bastarrica en su libro Una obra social, sobre la casa de Pamplona, recoge la afirmación de que «era compañero de Unamuno», que el suyo era el único título oficial que tenía entonces la inspectoría en Barcelona, y que con él se sostuvo el colegio de Mataró.

Transcurrió toda su vida religiosa en Sarrià, encargado de la biblioteca, cargo que desempeñó con celo y fidelidad hasta que los acontecimientos le obligaron a salir de esta casa.

Destacaba por su fidelidad a las Reglas y a las costumbres salesianas. Era amante del papa y de los superiores, cuyas disposiciones procuraba conocer y ponerlas en práctica.

Debido a sus problemas con la vista, estaba dispensado del rezo del breviario, incluso tenía permiso de celebrar siempre la misa de la Virgen o de los difuntos. Pero nunca quiso dejar el rezo del breviario.

Cuando estalló la Guerra Civil, se encontraba en la casa de Sarrià, de donde fue expulsado con los demás salesianos. Permaneció en Barcelona, acogido en casa de un bienhechor durante seis meses.

Pudo escapar de aquel infierno, a pesar de que, si se presentaba el caso, afirmaba que se negaría a ocultar su condición de sacerdote y hacerse pasar por abogado. Logró llegar a nuestra casa de Pamplona, donde murió el 2 de marzo de 1938, a los 76 años de edad.

En los últimos años de su vida padeció diversas enfermedades, que soportó pacientemente, sin el mínimo lamento: se le hinchaban periódicamente las piernas por falta de circulación.

Cuando se agravó su situación, tuvo que guardar cama, de la cual no volvió a levantarse. A las seis y media del día 2 de marzo recibió devotamente el viático y la extremaunción de manos del padre inspector y rodeado de todos los hermanos de la comunidad.

Fue un salesiano ejemplar tanto en la salud como en la enfermedad, que supo soportar con cristiana resignación. Tuvo una muerte tranquila y serena.