Machado Alonso, Manuel

Manuel Machado Alonso

Coadjutor (1940-2020)

Nacimiento: San Cebrián de Castro (Zamora), 5 de abril de 1940
Profesión religiosa: Astudillo, 18 de agosto de 1959
Defunción: León, 20 de marzo de 2020

Nació Machi, que así lo llamábamos cariñosamente todos, en el pueblo de San Cebrián de Castro, de la provincia de Zamora el 5 de abril de 1940. Entró en contacto con los salesianos que habían abierto una casa en Zamora, que pronto se convirtió en la primera Universidad Laboral de España y cuya fama se extendió rápidamente por toda España especialmente por toda la provincia de Zamora. Entro en la Universidad Laboral en 1955 y aprendió el oficio de carpintero. Quiso ser salesiano y marchó a Astudillo para hacer el noviciado. Allí profesó el 18 de agosto de 1959. Fue enviado a hacer el posnoviciado a la casa de formación de coadjutores de La Almunia de Doña Godina (Zaragoza) y allí se formó como coadjutor salesiano y como excelente maestro de carpintería. El tirocinio práctico lo hizo en la casa de Herrera de Pisuerga, donde ha había abierto una casa para acoger en ella a un grupo de aspirantes salesianos. Allí estuvo hasta que en 1969 los salesianos dejaron la casa. Fue entonces enviado como encargado de la carpintería al Centro Don Bosco de León (1969-1980). De León marchó como misionero al Senegal, donde ejerció su apostolado en St. Louis, durante 18 años. Por motivos de salud tuvo que volver a España y de nuevo estuvo encargado de la carpintería en la Inspectoría y en el Centro Don Bosco. Era un muy hábil en su oficio y ejercía de factótum para cualquier reparación o necesidad que se presentara. En estos años aprendió a hacer juegos de magia y entretenía con ellos a los chicos e intervenía con éxito en sobremesas y veladas. A su muerte el Diario de León le dedicó un artículo elogiando los buenos ratos que hizo pasar a tanta gente con sus juegos de magia: “Mucho se sentirá en Armunia y en los contornos la marcha de Machi. Su magia nos regaló momentos inolvidables de ilusión. Con sus suaves plumas de colores hizo sentir la caricia de la infancia a los niños y niñas y también a los mayores. Puede que encontremos su sonrisa eterna posada en una estrella. Puede que alguien le escuche saludar desde el cielo con su sonora voz: ¡¡Hola, hola!!”

Débil de salud, como estaba, el coronavirus que sigilosamente penetro en la casa de León se lo llevó al cielo en el fatídico viernes negro en el que murieron cuatro excelentes coadjutores salesianos.

El aislamiento social por el coronavirus impide que se celebren velatorios y funerales. Los ritos que nos hacen el duelo más llevadero han quedado pospuestos para cuando todo esto pase, que pasará, aunque nos queden en el rostro los surcos de las lágrimas que caen como lluvia de primavera. Surcos que darán testimonio de quienes se marchan diluidos en el contador diario en el que contemplamos la estadística de la muerte por coronavirus.

Cada número, por pequeño que sea, es un hueco en muchas almas. Familiares, amistades, compañeros de trabajo, vecindario…

Sin duda su memoria viva nos acompañará y nos dará energía para seguir. Un recuerdo especial también para Pedro, el portero de toda la vida, que también se fue en la semana triste pero llena de coraje.

Hoy este canto rodado va para las personas que desde casa o desde los hospitales tratan de salir adelante, como mi querido hermano. Para quienes les cuidan con su profesionalidad y cariño y a la vez nos cuidan. Y para todas las que salen a trabajar y, aún en el confinamiento, podamos gozar de comida y comodidad. Hasta siempre, querido Machi. La magia de la vida nos alienta como tú nos enseñaste. Sin truco.