José Martín Martínez
Sacerdote (1917-2005)
Nacimiento: Santo Domingo de Silos (Burgos), 17 de marzo de 1917
Profesión religiosa: Mohernando, 4 de octubre de 1940
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 20 de junio de 1948
Defunción: Arévalo, 21 de enero de 2005
Nació José en el pueblo burgalés de Santo Domingo de Silos, de ilustre memoria monacal y lingüística. Hijo de Vicente Martín y Benita Martínez. En el pueblo, donde existe un famoso monasterio de monjes, todo está impregnado de religiosidad profunda y tradicional, que ciertamente influyó en la familia y en el niño José. Allí realizó sus primeros estudios.
Después, en los confusos años de la Segunda República española, ingresó para hacer su aspirantado en el colegio salesiano del Paseo de Extremadura de Madrid. La Guerra Civil interrumpió esos estudios y lo hizo tener que enfrentarse con una serie de experiencias, duras, pero que le ayudarían a formar su personalidad.
En 1940 ingresó en el noviciado de Mohernando, donde hizo su primera profesión religiosa el día 4 de octubre de 1940. Los estudios de filosofía los cursó en Gerona y el trienio lo hizo parte en colegio de María Auxiliadora de Salamanca y parte en el de La Coruña. Los cuatro años de teología los estudio en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote el 20 de junio de 1948.
El ministerio sacerdotal lo ejerció en diversas casas, como consejero, peso sobre todo como administrador fiel y solícito: Arévalo, Mohernando, Madrid-Estrecho, Madrid-Santo Domingo Savio, aunque sin dejar de dar clase de comercio, contabilidad, mecanografía, etc., en cuyo cometido fue muy querido por sus alumnos debido a su bondad, cercanía y su perenne sonrisa. En los años de escasez se las agenciaba para obtener los medios necesarios para la comida y la higiene de los alumnos.
Fue siempre un entusiasta propagandista de las publicaciones salesianas. Trabajador incansable hasta que la enfermedad del Alzheimer lo privó de sus facultades. Los últimos años los pasó, completamente fuera de la realidad circundante en la residencia Felipe Rinaldi de Arévalo. Era admirable y a la vez penoso, verlo acercarse sonriente a todos los que visitaban la residencia, como queriéndoles mostrar de una manera instintiva, pero inconsciente, su gran bondad y su agradecimiento por la visita.
Murió en Arévalo el 21 de enero de 2005, a los 87 años de edad. Sus restos reposan en el panteón salesiano del cementerio de esa localidad.