Martínez Bernal, Florencio

Florencio Martínez Bernal

Sacerdote (1929-2020)

Nacimiento: Arcediano (Salamanca), 13 de junio de 1929
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1947
Ordenación sacerdotal: Madrid, 24 de junio de 1956
Defunción: Arévalo, 19 de marzo de 2020

Nació Florencio en el pueblo salmantino Arcediano en la comarca de La Armuña, típica por la exquisitez de sus legumbres, especialmente las lentejas. Es tierra de hombres muy curtidos en el trabajo. Son muchos los salesianos que salieron de esas tierras. Uno de ellos Florencio. Sus padres Andrés Martínez y Jacoba Bernal lo educaron en las virtudes de las gentes de su tierra: trabajo callado, austeridad, responsabilidad, honradez y profunda religiosidad. Cursado los estudios previos, entró en el noviciado de Mohernando, donde profesó en 16 de agosto de 1947. En aquel momento no había en la inspectoría céltica otro lugar donde estudiar la filosofía que el mismo Mohernando, así es que permaneció en la casa de noviciado hasta terminar los estudios de filosofía. Hecho el trienio práctico, comenzó los estudios de teología en el estudiantado teológico nacional de Carabanchel Alto, donde acudían los estudiantes de las tres inspectorías salesianas de España. Fue ordenado sacerdote en Madrid el 24 de junio de 1956.

Como sacerdote realizó su ministerio en diversos colegios de la inspectoría de Madrid, pues la inspectoría céltica se había divido en tres: Madrid, León y Bilbao. Él como natural de Salamanca pertenecía a la de Madrid. Estuvo en España hasta el año 1982, habiendo ocupado el cargo de director en el colegio de Domingo Savio de Madrid (1965-1971). En 1982 marchó como misionero a Malabo y allí trabajó durante diez años (1982-1992). De Malabo pasó a la Argentina, donde estuvo un año de ecónomo en la casa de los Ucranianos de Buenos Aires. Volvió a España y estuvo sucesivamente en la casa inspectorial, en Guadalajara, en Madrid-Estrecho y finalmente en Arévalo, primero como personal de la casa y los últimos meses como enfermo en la residencia don Felipe Rinaldi, donde tras una traumática caída entregó su alma a Dios el 19 de marzo de 2020. No murió de coronavirus, pero se le aplicó en protocolo prescrito y fue incinerado sin asistentes ni funerales. Él que a tantos funerales había asistido y a tantas personas había confesado y atendido en la iglesia del colegio. Una pena. Era una persona muy trabajadora, culta, muy interesada en el conocimiento de la Congregación y un gran devoto de María Auxiliadora. Descanse en paz.