Francisco Javier Montero Gutiérrez
Sacerdote (1894-1994)
Nacimiento: Villar del Ciervo (Salamanca), 3 de diciembre de 1894
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1911
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 14 de junio de 1919
Defunción: El Bodón (Salamanca), 13 de septiembre de 1994
Vio la luz en el pueblecito salmantino de Villar del Ciervo. Educado en ambiente familiar cristiano, primero germinó la vocación sacerdotal de su hermano Eloy y después la suya. A muy corta edad perdió a su padre y a su madre, quedando al cuidado del hermano sacerdote. En el seminario de Ciudad Rodrigo, a cuya diócesis pertenece el pueblo nativo, realizó, durante tres años los estudios de humanidades. En septiembre de 1909 ingresa en el aspirantado de Écija y al curso siguiente pasa a San José del Valle, para hacer el noviciado, que clausura con la profesión religiosa el 8 de septiembre de 1911, y los dos cursos de filosofía.
Le seguirán 26 años en Utrera (1913-1939), con el paréntesis del curso 1925-1926 transcurrido en Sevilla-Trinidad. En Utrera estudia la teología, culminada con la ordenación sacerdotal (Sevilla, 14 de junio de 1919). Será ocho años catequista, otros ocho consejeros y cierra la cuenta con otros ocho de director. Mientras tanto, ha realizado con éxito los estudios de magisterio y la licenciatura en Ciencias Químicas. Llegó a Utrera con 18 años y salió con 45.
Si hubiera que resumir su vida de aquellos años en una sola palabra, ésta sería dinamismo, fuerza arrolladora en el trabajo tanto material como espiritual. Durante la república, creó la Mutua Escolar Utrerana, asociación aconfesional dirigida por los padres de familia, que pasó a ser la verdadera dueña y los salesianos simples empleados, soslayando así la legalidad vigente. Alentó el asociacionismo juvenil en torno a la figura de Domingo Savio. Levantó para los niños más necesitados de Utrera un gran pabellón, capaz de albergar cuatrocientos alumnos y que llamó escuelas gratuitas de San Diego. El pueblo utrerano reconoció y agradeció aquella ingente labor nombrándolo Hijo Adoptivo.
Inicia la postguerra dirigiendo la casa de Alcalá de Guadaíra (1939-1944), que había sido saqueada e incendiada en la Guerra Civil. En el sexenio siguiente dirige la casa de Córdoba.
En septiembre de 1950 abandonaba la ciudad de los califas para desatascar las obras de Puebla de la Calzada (Badajoz). Cuando en 1955 abandonó Puebla, dejaba echadas en Extremadura sólidas bases de salesianidad, que darán pronto fruto con la apertura de las nuevas casas de Mérida y Badajoz.
Durante su estancia en Puebla compaginó la dirección de la casa con el servicio de ecónomo inspectorial (1953-1958), que prosigue durante el primer trienio cuando dirige el colegio mayor San Juan Bosco de Sevilla.
Y en 1964, al cumplir sus 70 años, vuelve a tierra extremeña para dirigir la casa de Mérida, abierta cuatro años antes, que con él recibió el impulso definitivo. Buscando descanso y reposo a tanta actividad, en 1968 es destinado a su casa de Puebla como confesor y director técnico. Ha iniciado su última y larga etapa que le llevará a la muerte. En la comunidad de Puebla será siempre el abuelo querido y venerado por todos.
Fue un salesiano responsable, con gran amor a María Auxiliadora y a la Congregación, recto y dinámico, con extraordinarias dotes de gobierno, animación y prudencia, noble de corazón, profesor fuera de lo corriente, felicitado en la Universidad de Sevilla por los triunfos de sus alumnos.
«Me uno a Vd., le escribía el Rector Mayor al aproximarse la fecha de su centenario, para dar gracias al Señor por el regalo de su larga vida y por su servicio en la Congregación, por todo el bien que ha hecho a miles de jóvenes y amigos y por lo mucho que trabajó por el Reino».
Hasta última hora conservó una lucidez de mente envidiable, mientras su cuerpo se iba poco a poco desgastando más por el tiempo que por enfermedad alguna, hasta que su gran corazón dejó de latir, a punto de cumplir los 100 años.