Jesús Morales Morales
Sacerdote (1914-1987)
Nacimiento: El Cubo de Don Sancho (Salamanca), 14 de junio de 1914
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1934
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 19 de junio de 1943
Defunción: Sevilla-Triana, 31 de enero de 1987
Nace en el pueblecito salmantino de El Cubo de Don Sancho.
A los 15 años lo encontramos en el aspirantado de Montilla; en San José del Valle hace el noviciado, culminado con la primera profesión el 8 de septiembre de 1934, y a continuación, los estudios de filosofía. El trienio lo hace en Alcalá de Guadaíra y Málaga, inicia en Utrera teología y la continúa en Carabanchel Alto, donde recibe la ordenación sacerdotal el 19 de junio de 1943.
Su vida sacerdotal se abre con un año en Las Palmas de Gran Canaria y seis en Sevilla-Triana (1944-1950), como consejero escolástico, y otro año más en Sevilla-Trinidad. La década de los cincuenta la pasa en Ronda, Córdoba y Cáceres-Hogar de San Francisco con la misión de maestro y confesor. La década de los sesenta como administrador en Puebla de la Calzada, Mérida, y primer trienio de su destino definitivo desde 1963, Sevilla-Triana, donde pasará 27 años, de los cuales los 20 últimos está como profesor y coadjutor de la parroquia.
Confesor es el rasgo que caracteriza su personalidad y su misión primordial. Él mismo, en su sencillez y humildad, lo reconocía: «Yo no he tenido en la Congregación cargos de relieve; pero he sido muy feliz porque me hice salesiano no para tener cargos, sino para hacer un servicio a los niños».
Y si bien su enfermedad temprana limitó su actividad educativo-pastoral, por otro lado lo maduró y lo hizo más comprensivo y sus largas horas de confesionario le proporcionaron la oportunidad de ser más inclinado, como Jesús, al perdón. Además, el confesionario fue su consultorio de orientación vocacional, en especial para tantas religiosas, que en sus consejos encontraron la ayuda con la que dar respuesta a Dios.
Todos le querían por su trato exquisito y contó siempre con amigos fieles. Don Jesús era un hombre religioso, bueno, delicado, consciente de sus limitaciones, que le tuvieron en actitud de conversión y servicio. Tenía un fino sentido del humor con el que levantaba el ánimo en los momentos de tensión comunitaria.
María Auxiliadora encontró en él un devoto fiel y filial, y, como la llevaba muy dentro, un propagador entusiasta. Una Virgen de cerámica trianera, réplica de la imagen de la Auxiliadora sentaíta, en actitud de acogida, que preside el altar mayor de nuestra parroquia, presidía también su habitación.
Complicaciones en su salud limitaron para siempre su trabajo. Y, minutos antes de cerrarse el 31 de enero, el Señor lo llevó a celebrar la solemnidad de Don Bosco, con él en el cielo. Tenía 72 años.