Moreno Mancilla, Miguel

Miguel Moreno Mancilla

Coadjutor (1901-1991)

Nacimiento: Alcalá de los Gazules (Cádiz), 19 de enero de 1901
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1921
Defunción: Cádiz, 28 de febrero de 1991

Miguel nace el 19 de enero de 1901 en el gaditano pueblo de Alcalá de los Gazules, en el seno de una familia cristiana, benjamín entre siete hermanos. Al quedar pronto huérfano de padre, Miguelito ha de ingresar como interno en la casa salesiana de Cádiz, fundada pocos años antes (1904). Allí aprende el oficio de carpintero.

En el curso 1919-1920, allí mismo, hace el aspirantado como salesiano coadjutor, pasando el curso siguiente al noviciado de San José del Valle, que corona con la profesión religiosa el 10 de septiembre de 1921. De inmediato retorna a Cádiz, donde permanecerá hasta su muerte.

En los 70 años de estancia, prácticamente ininterrumpida, en la casa gaditana, hizo un poco de todo: ejerció la docencia como maestro auxiliar impartiendo clases, fue encargado de la despensa, de la ropería y de la librería, administrador de la casa-aspirantado, e incluso en la década de los 60 fue encargado por la inspectoría de reclutar vocaciones para salesianos coadjutores.

Los últimos años, años de vejez achacosa más que de enfermedad, fueron difíciles para él. Al final se fue como vivió, callada y sencillamente.

La suya fue siempre testimonio de una vida sencilla, en la forma y en el fondo: austero, libre, humilde; constante en la lucha sostenida contra su carácter fuerte; amante de los pequeños detalles, que tanto valoraba. En lo exterior aparecía la puntualidad, el orden, la regularidad, pero en el interior radicaba la fuente que nutría esa fidelidad: la adhesión total a Jesucristo y a Don Bosco.

Era realmente el centro de la casa, el punto de convergencia del cariño de la comunidad, el tesoro de la comunidad, como gustaba ser llamado. Su vida fue un don para todos.

Moría en la madrugada del 28 de febrero de 1991, a los 90 años. Era el día de Andalucía y su tierra andaluza lo acogía después de tantos años de ininterrumpido servicio a su gente, una vida encarnada en la casa salesiana de Cádiz. En ella y con ella llegó a su madurez humana y religiosa, y en ella murió reposando para siempre.