Nieto Lamas, Julio

Julio Nieto Lamas

Sacerdote (1926-2013)

Nacimiento: Vilaverde-Paderne (Orense), 20 de mayo de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1945
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 27 de junio de 1954
Defunción: Arévalo, 24 de julio de 2013

Julio nació el 20 de mayo de 1926, en una pequeña aldea, Vilaverde, dependiente del Ayuntamiento de Paderne (Orense) y perteneciente a la parroquia de Figueiroá. Sus padres fueron Aquilino y Carmen, que tuvieron tres varones, entre ellos, Julio, y otras tres mujeres. Su padre era labrador, cartero y albacea.

Con 13 años, se trasladó a Orense, a casa de sus abuelos paternos, e ingresó en el colegio salesiano. El día 15 de octubre de 1940 marchó a Mohernando como aspirante. Allí realizó el noviciado y su primera profesión el 16 de agosto de 1945. También en Mohernando estudió filosofía y a los 21 años comienza el trienio en el colegio de La Coruña. Cursó teología en Carabanchel Alto, ordenándose de sacerdote en 1954.

Ya sacerdote, pasó por diversas casas: San Benito, Puertollano, Estrecho, San Fernando, Guadalajara, Mohernando, Ciudad de los Muchachos y Arévalo. Aunque fue durante algún año consejero y catequista, y párroco en Mohernando, su obediencia principal fue la de administrador, tarea que ejercía con meticulosidad.

El trabajo fue la faceta más destacada de Julio. Estando en Estrecho, hacía de todo: electricista, chófer, mecánico —los autocares y la furgoneta del transporte escolar le dieron mucho trabajo—, llevaba el comedor de chicos, atendía la contabilidad y obras y se ocupaba de cuidar la colonia de La Adrada. Le atraía el campo. Le encantaba el cuidado y poda de las viñas, la vendimia, el trato con el ganado, fabricar licores, queso, miel, tareas todas estas que ejerció sin descanso en Mohernando.

En consonancia, su austeridad fue extrema. No se permitía licencias en su persona ni en su vestir, comer o viajar. Era muy exigente para sí mismo. También, a veces, lo pretendía con los demás. Al final se mostraba generoso, pero había que regatearle… Su imagen no siempre respondía a la bondad y generosidad de su corazón.