Alfonso Pagés Pey
Coadjutor (1881-1961)
Nacimiento: Sant Just Desvern (Barcelona), 18 de enero de 1881
Profesión religiosa: Utrera, 24 de agosto de 1903
Defunción: Cádiz, 11 de mayo de 1961
El maestro Pagés nació en el pueblecito barcelonés de Sant Just Desvern, el 18 de enero de 1881.
Cumplidos los 12 años, sus padres lo matriculan en el internado salesiano de Barcelona-Sarrià, donde escoge el oficio de carpintero.
Tras nueve años en Sarrià, primero como simple estudiante artesano y luego como aspirante coadjutor, se traslada a Sevilla-Trinidad, en la que estrena con otros 12 el noviciado, que culmina con la profesión temporal, hecha en Utrera el 24 de agosto de 1903, y donde además cumple el trienio práctico.
En 1906 es destinado a Cádiz, la tacita de plata, en la que quedó instalado hasta el final de sus días. Supo inculturarse en Andalucía, en Cádiz. Barcelona lo vio nacer, pero Cádiz le robó el corazón.
Hombre de temple recio y de un equilibrio psíquico admirable, de profunda vida interior, sabía alternar el trabajo con la oración. El maestro Pagés supo vivir en comunidad, siempre alegre y simpático, hablaba a todos con exquisita delicadeza, asomándole a veces cierta dureza, propia de su carácter… Sabía encajar las bromas de los hermanos y, ya anciano, las echaba de menos.
Su misión no fue solo la de carpintero, era sobre todo la de maestro carpintero, que supo enseñar el oficio a varias generaciones de jóvenes, esparcidos luego por la capital y pueblos de la provincia gaditana.
No olvidó nunca la pedagogía práctica, aprendida en sus años jóvenes de aquellos que fueron los padres de la Congregación en España: don Felipe Rinaldi, que lo aceptó en Barcelona-Sarrià; José Calasanz, su consejero; don Pedro Ricaldone, que lo recibió en Sevilla-Trinidad y don Joaquín Bressán, con el que convivió durante varios años en Cádiz.
Sus antiguos alumnos lo admiraban. Gracias a él a todos se les abrían las puertas de fábricas y talleres apenas salían del centro. De su taller salieron obras de arte, retablos, restauración de imágenes, mobiliario, siempre en colaboración con sus alumnos, que obtuvieron premios en concursos y exposiciones. Algunos de ellos, entonces aspirantes a coadjutor y luego salesianos, recordaban el aprecio y cariño con que los trataba.
Recién llegado a Cádiz, fundó la banda música, que llevó adelante con constancia ejemplar durante 40 años. Cumplidos los 80 años, sus antiguos alumnos consiguieron que, por una vez, dirigiese la banda en la procesión de María Auxiliadora. Él aceptó, pero antes de salir, los reunió y les advirtió: «Os voy a pedir una cosa: que vayáis en fila, sin hablar y sin fumar». Lo cumplieron…
El 7 de noviembre de 1948 el gobierno español concedía al maestro Pagés la Medalla al Mérito en el Trabajo, como premio a sus 50 años de labor educativa.
Y un día el maestro se quedó sin habla… Había sufrido una embolia cerebral, de la que se recuperó en un primer momento, mientras susurraba al doctor:
«Usted no se fíe de mí, que soy una calamidad, usted fíese del de arriba». Pero la segunda no la resistió. Moría el 11 de mayo de 1961. Los antiguos alumnos llevaron a hombros el féretro y fueron tras él tocando marchas fúnebres, porque dijeron: «Lo mismo que nos precedía dirigiendo la banda, que ahora vaya también delante de nosotros». Fue un auténtico homenaje póstumo de todo Cádiz al buen maestro Pagés.