Isaac Pascual González
Sacerdote (1936-1988)
Nacimiento: Aguilar de Bureba (Burgos), 16 de septiembre de 1936
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1954
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 1 de marzo de 1964
Defunción: Aguilar de Bureba, 3 de abril de 1988
Ingresó como aspirante en Astudillo, a los 12 años. Trascurridos sus años de formación en Mohernando, Carabanchel Alto y Salamanca, fue ordenado sacerdote en Salamanca, en el año 1964.
Santander, Pasajes, Pamplona y Barakaldo disfrutaron de su espíritu apostólico y sacerdotal. En este tiempo solicitó ir a misiones. Destinado a Brasil, no pudo ver cumplido su deseo debido a los dificultosos trámites de la emigración. Ejerció en cambio su espíritu misionero en las casas de Cruces-Barakaldo, Logroño-Domingo Savio y Los Boscos. En diciembre de 1983, fue destinado a Porto-Novo (Benín-África).
En contacto y en convivencia con el alma africana, descubre la profunda espiritualidad de aquellas gentes, se deja evangelizar, siente que recibe más que da y ello le estimula para su entrega generosa y sin restricciones al servicio de cuantos le rodean, sin distinciones de ninguna clase. Descubre otro mundo, otras realidades. «Aquí en África —escribe—, se vive lo sobrenatural de una manera inmediata, habitual: la gente ve a Dios en todo, y Dios debe estar muy cerca de ellos. El sistema salesiano parece hecho para África. Los niños y jóvenes africanos necesitan, más que nada, amor. A nosotros nos han adivinado el carisma sin decírselo, y están locos por nosotros».
Su despacho estaba siempre abierto a todos. Todos acudían a él y todos encontraban en él comprensión, acogida, cariño, y se sentían aliviados, y él, como otro Don Bosco, se sentía a gusto: «Aquí con vosotros, me encuentro bien».
En la inmensa parroquia San Francisco Javier, Isaac acogió con gusto, desde el primer momento, la pastoral de los enfermos. Disponible en todo momento, dejaba todo lo que tenía entre manos para acudir presuroso al lado de quien solicitaba sus servicios.
Isaac asumió también con plena responsabilidad la dirección de la catequesis. La parroquia contaba con 3.600 niños en la catequesis y con más de 120 maestros catequistas. Él encontraba tiempo para todo. Convocaba con frecuencia a los catequistas, vigilaba el orden, visitaba las clases, seguía de cerca la marcha de la catequesis, la asistencia a la misa dominical, convocaba también a los padres y encontraba tiempo para catequizar a los jóvenes.
Cuando él cayó enfermo, muchos de ellos lloraban al ver que su gran amigo no estaba ya a su lado… y rezaban y rezaban con fe y hasta ofrecían sus vidas por su curación.
A mediados de noviembre de 1987, comenzó a sentir cierto malestar. Los médicos no acertaban a diagnosticar la causa y se le aconsejó volver a España, pero su corazón y su vida quedaron en África.
«Si me queréis bien —dice—, rogad para que vuelva pronto a África. Yo pertenezco a África». Y sobre sus hermanos salesianos: «Nunca me hubiera imaginado, sin la enfermedad, que los salesianos nos quisiéramos tanto».
Murió en Aguilar de Bureba (Burgos), su pueblo, y allí fue enterrado. En la parroquia de Porto Novo se celebró un solemne funeral, presidido por el señor obispo, rodeado de numerosos sacerdotes. La inmensa iglesia estaba a rebosar. «En el padre Isaac hemos sentido cómo revivía san Juan Bosco».