Mario Rubio García
Coadjutor (1934-2015)
Nacimiento: Torrelapaja (Zaragoza), 12 de diciembre de 1934
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1953
Defunción: El Campello, 13 de diciembre de 2015
Nació en Torrelapaja (Zaragoza) el 12 de diciembre de 1934. Hizo el noviciado en L’Arboç del Penedès (Tarragona) y la profesión el 16 de agosto de 1953. La profesión perpetua en Valencia, el 12 de diciembre de 1959.
Su labor salesiana se desarrolló, sucesivamente, en Barcelona-Sarrià (cinco años); La Almunia de Doña Godina (un año); Alcoy (un año) y los 55 años restantes de su vida en Zaragoza (1960-2015). Por motivos de salud, fue enviado a la casa de enfermos de El Campello donde, a los pocos días de llegar, falleció el 13 de diciembre de 2015. El día anterior había cumplido 81 años de edad.
El nombre de Mario ha quedado ya indisolublemente unido a la escuela profesional salesiana de Zaragoza. Cuando llegó a esta casa en 1960 con su reciente título de Ingeniero Técnico Industrial en Electricidad, la escuela profesional comenzaba a dar sus primeros pasos entre dudas y titubeos, meta soñada tras un largo desierto iniciado en el año de su fundación, 1940. A su impulso y con muchos esfuerzos, alzará el vuelo hasta llegar a las altas cimas en que hoy se encuentra, gracias en parte a Mario, alma de la enseñanza técnica y el promotor de proyectos que harán de salesianos de Zaragoza un referente en la ciudad y fuera de ella.
La prensa local publicó una excelente reseña sobre Mario Rubio con ocasión de su muerte: «Esfuerzo, deseo de superación, afán de aprender y, sobre todo, amor a la juventud trabajadora, fueron los grandes mojones que jalonaron la trayectoria vital, el admirable itinerario formador de Mario Rubio García… Fue un enamorado de la pedagogía de san Juan Bosco, auténtico pionero y adalid del apostolado integral de la juventud…, salesiano hasta el tuétano, animado por su insaciable deseo de aprender, enseñar y servir, dio la talla justa de su poderoso talento y de su extraordinaria bondad».
Es autor de varios libros de texto sobre electricidad y otros temas relacionados con la enseñanza de formación profesional.
Otra de sus brillantes creaciones fue la empresa de informática Centro de Cálculo Bosco, en la que se formaron profesionalmente muchos alumnos.
En su humildad y sencillez, nunca hablaba de los abundantes galardones que la sociedad le había concedido en reconocimiento a su aportación a la educación profesional: Socio de Mérito (por la Asociación de Ingenieros Técnicos Industriales), Premio a la excelencia profesional (por Rotary Club), Premio del Gobierno de Aragón por su trayectoria educativa, galardón de Aragonés del Año de El Periódico de Aragón.
A Mario se le definió como un salesiano empresario y lo fue en realidad, según el estilo de los hijos de Don Bosco, y supo hacer suyas aquellas palabras: Don Bosco quiere estar siempre a la vanguardia del progreso.
Hombre callado y reservado, unía a su personalidad inquieta una espiritualidad sencilla, espiritualidad de los de antes, decía él. Participaba en la misa diaria de comunidad, frecuentaba nuestra parroquia en la misa de los domingos, ubicándose discretamente cerca de la capilla de María Auxiliadora. En los últimos meses, muchas noches, antes de retirarse a descansar, pasaba por la capilla de la comunidad. No encendía la luz para no dejarse notar, se sentaba y rezaba.
El lunes 14 de diciembre se celebró un funeral en El Campello. Al día siguiente tuvo lugar otra misa exequial en la parroquia de Ntra. Sra. de Montserrat de Zaragoza, atendida por los salesianos, totalmente llena de familiares y amigos. Una vez finalizada la celebración, los restos mortales de Mario, que tanto amó a su familia, fueron llevados a su pueblo, Torrelapaja (Zaragoza), donde descansan junto a los de sus padres.