Sánchez Venero, Miguel

Miguel Sánchez Venero

Sacerdote (1860-1926)

Nacimiento: Burgos, 25 de septiembre de 1860
Profesión religiosa: Sarrià, 8 de septiembre de 1890
Ordenación sacerdotal: Lérida, 4 de junio de 1898
Defunción: Vigo, 6 de noviembre de 1926

Nació en la ciudad de Burgos el día 25 de septiembre de 1860. Fue una de las primeras flores abiertas en el jardín salesiano de España.

Entró en la casa de Sarrià en septiembre de 1886, a los cinco meses de la llegada y estancia de Don Bosco en esa ciudad. Le tocó la suerte de vivir a la sombra de aquellos santos varones, padres de la salesianidad en España: el beato Felipe Rinaldi, don Branda, don Aime, don Manuel B. Hermida y, dejándose modelar por ellos, asimilaría plenamente el espíritu y carisma salesianos.

Pasó el aspirantado y realizó el noviciado en la misma casa de Sarrià, al final del cual hizo la profesión religiosa el 8 de septiembre de 1890. Después de los estudios de filosofía y de hacer el trienio práctico, comenzó sus estudios de teología, terminados los cuales, fue ordenado sacerdote en Lérida el día 4 de junio de 1898.

Las casas de Sarrià, Utrera, Sevilla y Madrid fueron los primeros campos de su labor salesiana y pastoral, testigos de su infatigable actividad en el trabajo, de la excelencia de su espíritu religioso y de la bondad de su delicado corazón.

Pero donde más huella dejó fue en el colegio de San Matías de Vigo, donde trabajó incansablemente, desde el año 1913, por espacio de 17 años consecutivos, como encargado de la capilla externa de María Auxiliadora.

Fue un verdadero hombre de Dios, un apóstol infatigable de la devoción al Santísimo Sacramento, a María Auxiliadora y demás devociones salesianas. Tuvo un trato exquisito con todos y una bondad excepcional para sus prójimos más queridos: los niños, los enfermos y los pobres.

Días antes de su muerte, escribió una conmovedora carta, de corte y contenidos evangélicos, a los hermanos de la comunidad, pidiéndoles perdón por si en algo los había molestado y dejándoles el consejo del anciano apóstol san Juan: «Hijitos míos, amaos los unos a los otros». Su muerte fue muy sentida en Vigo y a su funeral acudieron las personas más representativas de los organismos eclesiásticos, religiosos y civiles de la ciudad.