Sancho Lázaro, Maximiano

Maximiano Sancho Lázaro

Coadjutor (1924-2003)

Nacimiento: Serradilla del Llano (Salamanca), 21 de febrero de 1924
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1944
Defunción: Córdoba, 19 de octubre de 2003

Nace en el pueblecito salmantino de Serradilla del Llano el 21 de febrero de 1924, en el seno de una cristiana familia de labradores.

En 1938, después de la campaña de Julián Prieto por tierras salmantinas, ingresa en el aspirantado de Montilla. Decide ya ser hermano coadjutor y comienza a aprender los quehaceres de la cocina.

En 1943 ingresa en el noviciado de San José del Valle, emite sus primeros votos como salesiano coadjutor el 16 de agosto de 1944 y allí permanece hasta 1951. Ese mismo año realiza sus votos perpetuos en Córdoba.

Es destinado al oratorio de Jerez de la Frontera por un curso. De allí pasa a Antequera (1952-1957), responsable del cuidado de la cocina, la despensa y como conductor.

En 1957 es destinado al internado de Santa Cruz de Tenerife como responsable de la cocina, la despensa y las colonias veraniegas de Geneto.

Se incorpora en 1965 a La Orotava, como encargado de la despensa del internado y conductor de uno de los autobuses escolares. En 1973 vuelve a Santa Cruz, como ayudante del ecónomo y prestando servicios varios, entre ellos el servicio público de taxista en los tiempos libres.

En 1978 pasa a ser chófer del inspector, don Domingo González. En la casa inspectorial de San Rafael en la calle Osario pasará 25 años, con el paréntesis de un año en Las Palmas (1984-1985).

En el año 2000 comenzó a tener problemas de salud, sobre todo después de un accidente que le produjo la rotura de cadera. Los dos últimos años los pasa en la casa de enfermos de Córdoba, donde fallece el 19 de octubre de 2003, a los 79 años.

Fue un coadjutor infatigable, acostumbrado a hablar poco y a hacer mucho. Tesón, generosidad y habilidades manuales fueron sus distintivos y lo convirtieron en un hombre servicial. Piadoso, mariano y de mucho rosario y visitas al Santísimo. Supo santificarse con el trabajo sencillo y generoso.