Villani Caminale, Juvenal

Juvenal Villani Caminale

Coadjutor (1875-1956)

Nacimiento: Fossano-Cuneo (Italia), 26 de diciembre de 1875
Profesión religiosa: Benigno Canavese, 12 de septiembre de 1896
Defunción: (Barcelona), 28 de mayo de 1956

Nació el 26 de diciembre de 1875 en Fossano-Cuneo (Italia). Tras hacer los estudios elementales en su ciudad, entró con 10 años en el Oratorio de Valdocco, viviendo aún Don Bosco. Allí aprendió a tocar el flautín y el piano, teniendo como primer maestro al famoso músico salesiano Dogliani, el cual lo hizo responsable del órgano del coro a los 12 años. Con él al frente de la Schola Cantorum participó en mayo de 1875 en la inauguración de la basílica del Sacro Cuore en Roma.

Hizo el noviciado en San Benigno Canavese, donde profesó como coadjutor el 12 de septiembre de 1896. Recién profeso, vino a España y trabajó un año en Rocafort, dos en Valencia (1904-1906), unos meses de 1907 en Huesca y sobre todo en Sarrià (1900-1904, 1906, 1907-1936, 1940-1944).

Durante la Guerra Civil española marchó a Italia y estuvo en La Spezia (1937-1940). Volvió a Sarrià (1940-1944) y finalmente fue destinado a Mataró (1944-1956), donde murió el 28 de mayo de 1956, a los 80 años, mientras los chicos cantaban en la capilla su famosa Salve.

Don Juvenal Villani ha sido conocidísimo en todo el mundo salesiano por sus composiciones musicales publicadas en la Galería Salesiana; dejó escritas unas 150, de las que se publicaron la mitad. Sus himnos, numerosos y agradables, sus avemarías, sus misas y su Salve, llena de majestad, han sido interpretadas muchos años en los colegios salesianos; lo mismo que sus famosas zarzuelas Aritmética en solfa y Los tres gibosos de Egipto.

Su obra se caracteriza por sus finas melodías y la sencillez de su interpretación. En sus composiciones no hay que buscar rarezas artísticas ni complejas armonías; lo que sí hay son melodías gratas y naturales, ritmo sencillo y, en su producción sacra, fervor religioso.

Su fondo musical, que estaba ordenado y custodiado en la comunidad salesiana de Mataró, fue entregado para al departamento de salesianidad de Martí-Codolar. Consta de más de 150 obras musicales, arreglos de armonía, música vocal e instrumental, religiosa y recreativa.

Don Juvenal era un trabajador incansable, que, a pesar de dedicar muchas horas a la música, hallaba tiempo para otras incumbencias más humildes, como poner cristales y encuadernar libros.

Como salesiano, era un religioso integral, sencillo, ingenuo y humilde, ajeno a toda suerte de elogios. Diligentísimo en sus prácticas comunitarias, rezaba el rosario entero cada día y hacía largas visitas al Santísimo. Sus intenciones favoritas eran las vocaciones, las misiones, los superiores y la paz en casa.

Por lo demás, con su calvicie, su barbita y bigote blancos, era una figura muy simpática y humana, en la que resaltaba su bondad y su sonrisa de niño.