Vivar Santamaría, Luis

Luis Vivar Santamaría

Sacerdote (1912-1996)

Nacimiento: Castellanos de Castro (Burgos), 19 de agosto de 1912
Profesión religiosa: Gerona, 30 de julio de 1933
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 25 de junio de 1944
Defunción: Huesca, 12 de mayo de 1996

Nació el 19 de agosto de 1912 en Castellanos de Castro (Burgos). Sus padres, Severino y Bonifacia, con sus siete hijos, formaban una ejemplar familia cristiana, enraizada en los valores de la vieja Castilla. El padre, que era maestro nacional, fomentó en sus hijos el afán de saber y el amor a la naturaleza.

De adolescente salió de su pueblo con la idea de ser salesiano y realizó el aspirantado en los colegios de Huesca (1926), El Campello y Sant Vicenç dels Horts. Hizo el noviciado en Gerona (1932-1933), donde profesó el día 30 de julio de 1933 y donde también cursó los estudios de filosofía (1933-1936).

Al estallar la Guerra Civil española cruzó la frontera francesa y pasó a la zona nacional, recalando en las casas de Salamanca, Deusto y Azkoitia. En 1940 inició los estudios de teología en Carabanchel Alto, pero al final del primer año cayó enfermo y fue destinado a El Campello. Allí dio clase a los aspirantes mientras hacía por libre varios cursos de teología. Fue ordenado sacerdote en Carabanchel, el 25 de junio de 1944.

Trabajó en Sant Vicenç dels Horts (1944-1950) como consejero escolástico de los aspirantes; en Burriana (1950-1954) como consejero y luego catequista. A continuación, pasó a ser confesor, alternando con algunas horas de clase en Gerona (1955-1956), Mataró (1956-1958), Huesca (1958-1961) y L’Arboç (1961-1967). Finalmente fue destinado a Huesca (1967-1996), donde murió el 12 de mayo de 1996, a la edad de 83 años.

Era pequeño de estatura, «insignificante» decía él, y tímido de carácter; sencillo y austero, nunca buscaba protagonismo.

El estudio de las lenguas le había proporcionado un gran dominio de la palabra y la expresión más correcta de la lengua castellana. A veces se sentía un poco como el guardián del idioma, alternando la autoridad del diccionario con la suya propia, no en vano era y se sentía de la tierra del Cid.

Cuando, por la edad, tuvo que dejar cargos y actividades docentes, mantuvo la inquietud por estar al día en materias teológicas y salesianas; llamaba la atención su constancia en escribir, que fructificó en la publicación de obras como la Vida de San Juan Bosco y Vida y mensaje de Jesús de Nazaret.

Fue un óptimo religioso, una persona de gran hondura espiritual, austero y observante. En su larga ancianidad en Huesca, vivió intensamente la vida comunitaria en todo lo que le permitían los años: oración, mesa, celebraciones, excursiones…; era el animador de la comunidad, un hombre feliz que gozaba igual de un partido de fútbol que de una excursión. El saber estar, a pesar de la edad, era uno de los aspectos más destacados de su persona.