Asenjo Díez, Maximiliano

Maximiliano Asenjo Díez

Coadjutor (1933-2020)

Nacimiento: Royuela de Riofranco (Burgos), 12 de marzo de 1933
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de noviembre de 1952
Defunción: León, 20 de marzo de 2020

Nació Maximiliano en el pueblo burgalés de Royuela de Riofranco, en el seno de una numerosa familia. Sus padres Arturo Asenjo y Heleodora Díez tuvieron 6 hijos y 3 hijas a los que educaron cristianamente. Maximiliano, Maxi para todos, frecuentó el aspirantado de Astudillo desde 1947 a 1951, año en que entró en el noviciado de Mohernando, donde profesó tres meses después que sus compañeros de curso el 16 de noviembre de 1952. Aprendió el oficio de zapatero y continuó su formación salesiana en la casa de coadjutores de Madrid-San Fernando. En 1954 fue enviado a Vigo-San Roque como maestro zapatero y en 1958 pasó con el mismo oficio a Cambados, para volver un año después a Vigo-San Roque hasta 1969, en el que dejo el oficio de zapatero y pasó a desempeñar el de profesor de enseñanza básica para el que se había ido preparando en los años anteriores. Ejerció como profesor en Zamora Don Bosco (1969-1971), en Vigo-María Auxiliadora (1971-1973), en León-Colegio de Huérfanos de Ferroviarios (1973-1980), Oviedo-Masaveu (1980-1999). De 1999 a 2019, ya jubilado de la enseñanza, estuvo destinado en Lugo donde realizó, en un primer momento, tareas en la portería del colegio hasta que su salud física se lo permitió y después colaboró en diferentes tareas comunitarias: especialmente en el embelleciendo de la comunidad y del colegio con el cuidado de las plantas. Los últimos años tuvo graves problemas de movilidad que le obligaron a caminar con un andador o con silla de ruedas. Pero esto no le impidió acercarse en las fiestas del colegio al patio para ver a los chicos o participar en diferentes celebraciones con el alumnado y el profesorado. Todo esto puso de manifiesto en él una gran fuerza de voluntad para seguir valiéndose por sí mismo prácticamente hasta los últimos días que estuvo en Lugo. Era raro verle una mala cara o lamentarse por su situación de salud de reducida movilidad y dificultad en el habla. Las personas que lo conocieron reconocen en él una persona buena, siempre sonriente y alegre. Fue una persona muy sencilla y muy austera, que se hacía querer y quería de corazón. Vivió con fidelidad su vida religiosa siendo un fiel devoto de María Auxiliadora. Solía ser el primero en llegar a la capilla por la mañana y por las tardes allí esperaba al resto de la comunidad rezando el rosario. En comunidad su convivencia era muy agradable y estaba siempre disponible para hacer todo aquello que estuviera en sus manos. No le gustaba molestar a los hermanos ni dar trabajo. En Lugo cogió la costumbre de regalar todos los viernes un manojito de perejil a los educadores del colegio y tanto los educadores como los profesores lo esperaban con ilusión para saludarle. A principios de diciembre de 2020 pasó a la Casa de Salud de Santiago el Mayor de León, donde le sorprendió la muerte el 20 de marzo de 2020 a causa de la infección del covid-19. Acababa de cumplir 87 años. Descanse en paz.